El régimen iraní proclamó su victoria en la guerra iniciada el 28 de febrero, con el presidente del Parlamento y principal negociador Mohamed Baqer Qalibaf afirmando en un discurso televisado que Teherán "ganó las dimensiones militares y políticas" del conflicto. El argumento central de Qalibaf es que Estados Unidos e Israel no lograron alcanzar ninguno de sus objetivos declarados al iniciar las operaciones: no hubo cambio de régimen, el poder de los ayatollahs se mantiene intacto y el memorando de entendimiento de Islamabad —firmado el 17 de junio y cuyo plazo de 60 días venció este lunes— es presentado por Teherán como "un documento de honor y victoria" para Irán. El dirigente reconoció que la proclamada victoria no implica la destrucción de las Fuerzas Armadas estadounidenses, pero fue contundente en su caracterización del resultado: "una derrota absoluta para Estados Unidos y el régimen sionista". La declaración es la respuesta iraní más directa a la afirmación de Trump de que "está derrotando a Irán muy mal" y a su anuncio de que declarará Ormuz "territorio de Estados Unidos".
El jefe del Ejército iraní, general de división Amir Hatami, añadió la dimensión militar a la narrativa de victoria con una advertencia que cierra la puerta a cualquier retorno al statu quo anterior: "Bajo ninguna circunstancia las bases estadounidenses podrán volver a la situación anterior e Irán jamás permitirá que eso ocurra". Hatami también vinculó directamente el estrecho de Ormuz con el eventual cierre del conflicto: "El sagrado estrecho de Ormuz es una de las condiciones para poner fin a la guerra; lo preservaremos con todas nuestras capacidades". La postura iraní convierte así al paso marítimo más estratégico del planeta en la principal palanca de negociación de Teherán: Irán no abrirá Ormuz hasta que Washington levante el bloqueo naval, elimine las sanciones y permita a Irán volver a comercializar su petróleo, en una lista de condiciones que la administración Trump ha rechazado sistemáticamente.
La proclamación de victoria por parte de Irán y la amenaza de Trump de declarar Ormuz "territorio estadounidense" son las dos narrativas que chocan en el momento más crítico del conflicto: el vencimiento del memorando de Islamabad sin un acuerdo definitivo a la vista. Con el estrecho cerrado desde mediados de julio, el petróleo por encima de los 90 dólares, el bloqueo naval restablecido y las negociaciones estancadas, ninguna de las dos partes tiene un camino claro hacia la paz que no implique conceder lo que hasta ahora se negó a ceder. Irán necesita el alivio económico de las sanciones para sobrevivir; EE.UU. necesita Ormuz abierto para calmar la inflación y los mercados energéticos antes de las elecciones de noviembre. En esa tensión irresuelta, la guerra que ambos proclaman haber ganado sigue sin terminar.