La catástrofe en Nepal superó la barrera de los 1.000 muertos: las autoridades elevaron el balance a 1.010 fallecidos y 4.599 desaparecidos tras la avalancha de lodo que el miércoles pasado devastó el valle del río Trishuli, en la región montañosa cercana a la frontera con China, desencadenada por un desprendimiento de tierra y el colapso de un glaciar. Más de 10.000 personas fueron rescatadas hasta ahora, entre ellas 252 extranjeros, según informó el portavoz del Secretario General de la ONU desde Nueva York. Las tareas de búsqueda involucran a 20.819 efectivos de seguridad, el gobierno declaró estado de emergencia en 15 municipios y varias rutas permanecen bloqueadas, mientras la electricidad fue restablecida en los distritos de Dhading y Nuwakot pero continúan los esfuerzos en Rasuwa, la zona más devastada por el desastre.
Ante la magnitud de las víctimas sin identificar y las razones de salud pública, las autoridades nepalíes comenzaron entierros masivos de restos mortales no identificados en el bosque de Devighat, a unos 200 kilómetros de los valles de Rasuwa donde se produjo la catástrofe. El bosque, conocido hasta hace una semana por sus rutas de senderismo, se convirtió en un cementerio provisional con cientos de tumbas excavadas. Cada entierro se realiza tras la toma de una muestra de ADN, lo que permitirá a las familias exhumar y cremar los cuerpos una vez completada la identificación formal, en un proceso que podría extenderse por semanas o meses dado el número de víctimas y la dificultad de acceso a las zonas más remotas.
La dimensión humanitaria de la catástrofe es de proporciones alarmantes. La ONU advirtió que a medida que los equipos acceden a las zonas afectadas, "la magnitud de las necesidades se hace más evidente": 65.000 personas necesitan ayuda urgente de agua, saneamiento e higiene; más de 22.000 niños requieren servicios de protección; 2.600 menores de cinco años podrían necesitar tratamiento contra la malnutrición aguda grave; cerca de 10.500 mujeres embarazadas o lactantes necesitan apoyo nutricional; y más de 10.000 niños en edad escolar requieren apoyo psicosocial. Nepal, uno de los países más pobres de Asia con una infraestructura ya debilitada antes de la catástrofe, enfrenta una reconstrucción que excede largamente su capacidad institucional y financiera.