El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, manifestó su pesar por el fallecimiento de Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años que fuera desalojada en septiembre de su departamento en el barrio madrileño de Retiro.
A través de un mensaje difundido en la red social X, el líder socialista envió sus condolencias a los allegados de la víctima y afirmó asumir la pérdida como propia, en una jornada donde la noticia del deceso en el hospital Gregorio Marañón conmocionó al arco político e impulsó vigilias e improvisados altares frente a su antiguo domicilio y en plazas de la capital.
El caso de Abascal se convirtió en un símbolo de la problemática del acceso al alquiler en el país, intensificando las protestas sociales y las acampadas ciudadanas en las principales urbes españolas.
La presión popular y la mediación institucional habían logrado que el fondo inmobiliario propietario del inmueble diera marcha atrás para restituirle la vivienda mediante la firma de un nuevo contrato; sin embargo, el agravamiento del cuadro de salud de la anciana tras ser hospitalizada el día del desahucio impidió concretar su regreso a la casa que habitó durante más de medio siglo.
El deceso de la anciana se produce en un escenario de alta polarización institucional, pocos días después de que el propio Sánchez anunciara la disolución de las Cortes y la convocatoria a elecciones anticipadas para el 29 de noviembre ante el bloqueo parlamentario a sus decretos de vivienda.
Mientras agrupaciones de inquilinos y movimientos sociales convocan a nuevas jornadas de protesta contra la especulación inmobiliaria en homenaje a la víctima, las fuerzas políticas preparan el terreno para una campaña electoral atravesada de forma directa por el debate habitacional.