Los precios internacionales del petróleo cayeron más de un 2% —con el Brent por debajo de los 90 dólares por barril— ante la confluencia de dos señales diplomáticas simultáneas: versiones de un posible nuevo alto el fuego entre Estados Unidos e Irán citadas por RIA Novosti, y la confirmación de que los cancilleres de Irán y Omán se reunieron en Mascate para negociar un "corredor temporal" de navegación en el estrecho de Ormuz junto a una operación conjunta de remoción de minas. El canciller omaní Badr al Busaidi anunció en X que espera poder "anunciar pronto" la nueva ruta y "las modalidades prácticas para restablecer una navegación segura", mientras su par iraní Abbas Araghchi destacó que las negociaciones con socios omaníes y pakistaníes "hicieron hincapié en las soluciones regionales". El acuerdo marco prevé también negociaciones para establecer un corredor "permanente" y definir la "gestión futura del estrecho", incluyendo un mecanismo para los servicios de navegación y seguridad.
Sin embargo, la posición oficial de Teherán dejó en claro que cualquier reapertura real tiene precio. El viceministro de Exteriores iraní, Kazem Qaribabadi, fue explícito en X: "Antes de cualquier acción destinada a reabrir el estrecho de Ormuz, Estados Unidos debe cumplir plenamente con todos los compromisos que ha violado. El estrecho solo se reabrirá a cambio del fin de la guerra en todos los frentes, del levantamiento del bloqueo y de una solución a la situación en Yemen". Araghchi añadió que la respuesta de Irán a las nuevas sanciones estadounidenses consistirá en "atacar sus intereses económicos", en línea con la advertencia del ministro de Finanzas Madanizadeh de que la respuesta iraní "no será puramente defensiva". Trump, por su parte, afirmó en Truth Social que "todas las minas habían sido retiradas o destruidas en las aguas internacionales del estrecho de Ormuz" y advirtió que cualquier buque que coloque nuevas minas "sería destruido".
El telón de fondo de estas negociaciones es un conflicto que esta semana cumple seis meses desde los bombardeos del 28 de febrero y en el que el estrecho de Ormuz —por donde antes transitaba el 20% de los hidrocarburos mundiales— ha sido prácticamente paralizado por Irán, reduciendo el tráfico a una sexta parte de los niveles previos a la guerra. Washington intensificó la presión con una nueva ronda de sanciones secundarias que apuntan a los socios comerciales de Irán en sectores como el oro, la tecnología, los activos digitales, la aviación y el transporte marítimo, mientras en Teherán conductores hacían fila en las estaciones de servicio ante el impacto acumulado de las sanciones en el suministro interno. Con las elecciones de medio término de noviembre acercándose y el precio del combustible como termómetro político en EE.UU., Trump tiene cada vez menos margen para sostener un conflicto cuyos costos económicos golpean directamente a los votantes que necesita retener.