Dos trabajadores que permanecían atrapados desde el 26 de agosto en los túneles de la central hidroeléctrica Trishuli 3A fueron rescatados con vida, en la primera señal de esperanza desde que la avalancha de lodo devastó el valle del río Trishuli en Nepal. Sanjaya Shah, de 30 años, capataz mecánico oriundo del distrito de Saptari, y Kabir Maharjan, de 45, supervisor mecánico de Katmandú, fueron encontrados por equipos de rescate que lograron ingresar a través de un pequeño orificio en el túnel de más de cuatro kilómetros. Ambos fueron evacuados en camilla, cubiertos de lodo, y trasladados al Hospital Militar Birendra en Katmandú: Shah se encuentra en condición estable, mientras que Maharjan está en estado crítico en cuidados intensivos. "Después de diez días de oscuridad, la vida ha vuelto a ver la luz", escribió el Ejército nepalí en redes sociales. Los sobrevivientes aseguraron que hay más personas vivas en los túneles, lo que llevó a los equipos de rescate a intensificar la búsqueda de al menos 42 trabajadores que podrían seguir con vida en los pasadizos subterráneos de la planta.
Las operaciones de rescate son de una complejidad extrema: los equipos excavan manualmente en túneles dañados y parcialmente inundados de lodo, en una zona de difícil acceso por las carreteras destruidas y el riesgo permanente de nuevos deslizamientos. El hecho de que Shah y Maharjan hayan sobrevivido nueve días bajo tierra —con agua, oxígeno limitado y sin comunicación con el exterior— amplía las esperanzas de encontrar más sobrevivientes entre los 900 trabajadores de proyectos hidroeléctricos que figuran entre los 5.083 desaparecidos totales. El balance oficial de la catástrofe ascendió a 1.287 muertos, con una infraestructura severamente dañada: 7.570 viviendas particulares y 48 edificios gubernamentales afectados, 18 escuelas dañadas —11 completamente destruidas—, 7 centros sanitarios comprometidos, 55 kilómetros de carreteras destruidos y 37 puentes vehiculares inutilizados.
El rescate de Shah y Maharjan recuerda episodios similares que conmovieron al mundo: los 33 mineros chilenos atrapados 70 días bajo tierra en 2010, o los 12 niños del equipo de fútbol tailandés rescatados de una cueva inundada en 2018. En todos esos casos, la supervivencia dependió de una combinación de factores físicos —disponibilidad de agua y oxígeno, temperatura, ausencia de heridas graves— y psicológicos, con los atrapados manteniéndose juntos y con la voluntad de resistir. Si hay decenas de trabajadores más con vida en los túneles de la Trishuli 3A, las próximas horas serán decisivas: cada día que pasa reduce las probabilidades de supervivencia, pero el rescate de este viernes demuestra que la esperanza tiene base real.