Rusia descargó sobre Kiev en la madrugada uno de sus ataques más devastadores en semanas, con 74 misiles —una veintena de ellos balísticos— y 496 drones que mataron al menos 17 personas, hirieron a decenas y destruyeron o dañaron un centenar de edificios e infraestructuras en cinco distritos de la capital ucraniana. El bombardeo duró horas y alcanzó edificios residenciales, un hotel, un instituto, un centro médico y un mercado, mientras las estaciones de metro y los sótanos se llenaban de ciudadanos que buscaban refugio ante las alarmas antiaéreas. "Esto es simplemente un ataque terrorista. Moscú sigue destruyendo nuestras casas, edificios, ciudades, fábricas e infraestructura energética", denunció el ministro del Interior, Ihor Klimenko, desde uno de los lugares alcanzados por un misil. El presidente Volodímir Zelenski, que había advertido la víspera desde Dublín que "la noche iba a ser dura", emprendió regreso inmediato a Ucrania mientras pedía a la población que se pusiera a cubierto.
El ataque no fue una sorpresa: los servicios de inteligencia ucranianos habían detectado los preparativos rusos, y los observadores notaron que en los días previos Moscú había reducido inusualmente el número de drones y misiles lanzados, acumulando armamento para un golpe de mayor escala. El Ministerio de Defensa ruso reivindicó la acción como represalia por los bombardeos ucranianos sobre infraestructuras civiles rusas, afirmando que los blancos fueron "instalaciones militares y energéticas en los alrededores de Kiev, así como aeropuertos militares en Poltava y Dnipropetrovsk". Kiev no confirmó si Rusia logró dañar objetivos militares. En respuesta, Ucrania atacó a primera hora una refinería rusa en Kstovo, a unos 400 kilómetros al este de Moscú, como parte de su estrategia de golpear infraestructura energética rusa iniciada hace un año.
En el distrito de Darnytsia, sobre la orilla izquierda del Dniéper, un edificio residencial de una decena de plantas presentaba grandes daños estructurales con seis o siete personas desaparecidas entre los escombros. Bomberos y equipos de rescate trabajaban con grúas y excavadoras mientras el edificio aún humeaba junto a coches destruidos y un parque infantil cubierto de polvo y cascotes. "No sabemos qué hacer con nuestras vidas", dijo Ania Voitenko, de 19 años, que esperaba con su padre poder ingresar a comprobar el estado de su casa. El alcalde Vitali Klitschko decretó el jueves como jornada de luto, pidió que todas las banderas ondeen a media asta y suspendió las actividades públicas, mientras le reclamaba a la Unión Europea lo que Ucrania necesita con urgencia: "Hay que detener estos ataques. Nos faltan misiles en nuestro ejército. Necesitamos protección y apoyo de nuestros aliados internacionales".