A más de un mes de que el doble terremoto del 24 de junio sacudiera Venezuela, las heridas en el país sudamericano continúan profundizándose. El más reciente informe oficial difundido por el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, elevó a 6.125 la cifra de víctimas fatales, reflejando la devastadora magnitud de la tragedia. Mientras los equipos de socorro mantienen en 6.462 el número de personas rescatadas con vida, las estructuras sanitarias continúan bajo una altísima exigencia tras haber atendido a casi 61.000 heridos en centros hospitalarios de todo el país.
En medio del dolor de miles de familias que aguardan o permanecen sobre los escombros de sus hogares colapsados en zonas golpeadas como Caraballeda, las autoridades estatales han puesto en marcha un despliegue urbanístico urgente. Como parte de una primera fase de asistencia, se concretó la entrega inicial de 287 viviendas para damnificados, enmarcada en una meta gubernamental que prevé otorgar 4.000 soluciones habitacionales para fines de este año y alcanzar las 10.000 para 2027. El plan integral promete no solo la restitución de techos, sino también el levantamiento de infraestructura educativa, comercial y de esparcimiento.
Paralelamente, un riguroso operativo técnico inspecciona el estado de la infraestructura nacional mediante el sistema de clasificación por "semáforo" para determinar la habitabilidad de las propiedades. Tras haber evaluado más de 43.000 edificaciones, los peritos han catalogado a unas 6.400 viviendas afectadas en situación de alto riesgo o bajo orden implacable de demolición, mientras que casi 10.000 mantienen el acceso restringido. En este sombrío escenario, Venezuela avanza con lentitud en un complejo camino de reconstrucción física y social marcado por la magnitud histórica del desastre.