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Trump agitó la amenaza militar y encendió un choque explosivo con el régimen cubano

El mandatario estadounidense se mostró "encantado" de actuar donde sus predecesores fallaron. La retórica de confrontación entre Washington y La Habana ha alcanzado su punto más álgido en décadas.

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La estrategia de EEUU parece diseñada para forzar un punto de quiebre interno en Cuba

En una comparecencia ante periodistas en la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sorprendió al afirmar que estaría “encantado” de intervenir militarmente en Cuba, sugiriendo que le corresponderá a su administración resolver un conflicto histórico que ha desafiado a numerosos mandatarios estadounidenses durante los últimos 50 o 60 años. Estas declaraciones no se dan en el vacío, sino en medio de acciones concretas de asfixia: una reciente acusación formal contra el líder revolucionario Raúl Castro por el derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate en 1996, y el despliegue estratégico hacia el Caribe del Grupo de Ataque del Portaaviones USS Nimitz.

La respuesta del mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, no se hizo esperar, calificando las maniobras de "mentiras y manipulaciones políticas" y advirtiendo que una agresión militar desataría un "baño de sangre" capaz de quebrar la paz de toda la región. Este repentino giro agresivo cobra un sentido absoluto al analizarse bajo el prisma de la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) presentada por el gobierno de Trump el pasado diciembre. Aquel documento ya perfilaba una política exterior fuertemente transaccional y de "paz a través de la fuerza", donde América Latina dejaba de ser una periferia comercial para volver a ser entendida como un tablero de seguridad crucial.

Al reactivar expedientes judiciales de hace 30 años y movilizar poderío naval pesado, la Casa Blanca ejecuta la doctrina fijada en su ESN: contener cualquier foco de influencia adversa en el hemisferio occidental y demostrar que la nueva administración está dispuesta a utilizar el músculo militar como herramienta de coacción directa, rompiendo con el enfoque de sanciones puramente económicas de periodos anteriores. Detrás de este ajedrez geopolítico opera también el ala más dura de la diplomacia norteamericana, encabezada por el secretario de Estado, Marco Rubio, quien enfrió las expectativas al admitir que la probabilidad de un acuerdo negociado con la isla es prácticamente nula en la actualidad.

La estrategia parece diseñada para forzar un punto de quiebre interno en Cuba apelando de forma abierta a la comunidad exiliada —a quienes Trump invitó a "regresar y ayudar"—, mientras se utiliza la crisis exterior para consolidar apoyos políticos clave en el frente doméstico estadounidense. 

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