La administración Trump ordenó a Anthropic restringir el acceso internacional a sus modelos más avanzados de inteligencia artificial en lo que representa la intervención más fuerte del gobierno estadounidense sobre una compañía de IA hasta la fecha. La medida llegó pocos días después del lanzamiento de Fable 5, la nueva plataforma de la compañía, luego de que las autoridades detectaran que era posible vulnerar algunos de sus mecanismos de seguridad mediante técnicas de "jailbreak" —métodos que permiten eliminar las restricciones de software impuestas por el fabricante.
El gobierno exigió así a Anthropic limitar el acceso a estas herramientas para usuarios extranjeros, en un giro que contradice la postura que la Casa Blanca había mantenido hasta hace poco, cuando rechazaba la idea de imponer licencias o controles directos sobre el desarrollo de modelos de inteligencia artificial.
La decisión refleja la creciente preocupación de Washington por los riesgos asociados a los llamados modelos de frontera, sistemas capaces de realizar tareas avanzadas en ciberseguridad, investigación y desarrollo tecnológico. Funcionarios estadounidenses temen que estas herramientas puedan ser utilizadas por gobiernos rivales para descubrir vulnerabilidades informáticas o acceder a tecnología estratégica, en un contexto en que la competencia con China en el terreno de la IA se ha convertido en una prioridad de seguridad nacional. El movimiento también tiene una dimensión irónica: Anthropic es la empresa cuyo cofundador Chris Olah estuvo junto al papa León XIV en la presentación de la encíclica "Magnifica Humanitas" hace apenas tres semanas, y cuyo modelo Mythos Preview ya había sido objeto de restricciones por parte del gobierno debido a preocupaciones de ciberseguridad.
La medida podría sentar un precedente de enorme alcance para el resto del sector. Anthropic es una de las startups de IA más valiosas del mundo, con una valuación cercana a los 965.000 millones de dólares, y una restricción de este tipo sobre sus modelos internacionales podría replicarse en otros gigantes como OpenAI, Google y Meta. Los analistas coinciden en que la decisión marca un punto de inflexión: la inteligencia artificial dejó de ser exclusivamente un negocio tecnológico para convertirse en un activo estratégico de seguridad nacional, con todas las implicaciones regulatorias que eso conlleva. El debate sobre hasta dónde puede y debe llegar el control gubernamental sobre el desarrollo de modelos avanzados de IA acaba de entrar en una nueva fase.