Ucrania lanzó durante la madrugada una de sus ofensivas de drones más masivas desde el inicio de la guerra, con ataques simultáneos en casi veinte regiones rusas que dañaron una terminal petrolera en San Petersburgo y dejaron parcialmente sin electricidad a la capital de la región de Bélgorod. El gobernador de San Petersburgo, Alexandr Beglov, confirmó que "el ataque impactó en el territorio de una terminal petrolera en el distrito de Kirovski", visible en videos que circularon en redes mostrando varias columnas de humo saliendo de la planta, la misma que había sido blanco de otra ofensiva en junio durante el foro económico celebrado en la ciudad. En la región de Leningrado, el gobernador Alexandr Drozdenko reportó el derribo de 72 drones, aunque reconoció que los restos de un aparato cayeron sobre el puerto de Visotsk, donde la infraestructura portuaria y una central termoeléctrica sufrieron impactos directos. En Bélgorod, drones golpearon la central termoeléctrica y generaron cortes de luz en distintos puntos de la ciudad, con equipos de emergencia trabajando toda la noche para restablecer los servicios.
La escala del ataque fue excepcional: el Ministerio de Defensa ruso informó haber derribado un total de 389 drones durante la noche en un arco geográfico que abarcó las regiones de Bélgorod, Briansk, Vladímir, Kaluga, Kursk, Lípetsk, Leningrado, Nóvgorod, Oriol, Pskov, Rostov, Riazán, Sarátov, Smolensk, Tver, Tula, Krasnodar, la región de Moscú y la península de Crimea. En Pskov, la caída de los restos de un dron derribado dejó tres heridos civiles. La amplitud geográfica del ataque —que cubrió simultáneamente el noroeste, el centro, el sur y el este de Rusia— refleja la evolución de la estrategia ucraniana de largo alcance, que en los últimos meses se concentró en golpear la infraestructura energética rusa como herramienta de presión económica y militar.
El ataque masivo se produce en el contexto de un fin de semana cargado de novedades en el frente: Putin anunció la "completa liberación" de Lugansk y proclamó la toma de Kostiantinivka —negada por Kiev—, mientras Rusia bombardeó Kiev el jueves con 74 misiles y 496 drones, matando al menos 25 personas. La respuesta ucraniana con 389 drones sobre casi veinte regiones rusas sugiere que la lógica de escalada recíproca que marcó el conflicto desde el inicio sigue plenamente vigente, con ambas partes incapaces o sin voluntad de frenar la espiral mientras las negociaciones de paz que Trump impulsa avanzan a paso lento y sin resultados concretos sobre el terreno.