El canciller Friedrich Merz apareció ante la prensa en Berlín visiblemente afectado y reconoció sin eufemismos la magnitud de la derrota: "Es la peor derrota electoral que la CDU ha sufrido en años, en décadas". La Alternativa por Alemania (AfD) obtuvo el 43,8% de los votos en las elecciones regionales del domingo en Sajonia-Anhalt, aplastando a la Unión Cristianodemócrata, que se hundió al 17,2% —una caída de 20 puntos respecto a 2021. "Un resultado así, en esta forma, no lo esperábamos", admitió Merz junto al candidato local Sven Schulze, cuya derrota por más de 26 puntos frente a AfD convierte el resultado en una señal de alarma para el conjunto del sistema político alemán. El golpe es además de una crudeza particular: Sajonia-Anhalt es uno de los estados donde la autoridad competente declaró oficialmente a AfD como partido de "extrema derecha confirmada", lo que no impidió que la formación cosechara su mejor resultado en unas elecciones regionales en toda la historia de la república federal.
Merz intentó hacer una lectura autocrítica de las causas de la debacle sin alterar el rumbo de su gobierno. "Quizá no supimos transmitir emocionalmente la necesidad de las reformas estructurales. Tenemos que hacer más que justificarlas matemáticamente y económicamente. Tenemos que explicarlas mejor. Debemos intentar, también yo, alcanzar mejor emocionalmente a las personas. Para muchas personas en Alemania su situación vital es difícil, muchos están preocupados por el futuro", señaló. La autocrítica sobre la falta de conexión emocional con el electorado es al mismo tiempo un diagnóstico del problema y una señal de que el canciller no tiene intención de cambiar el contenido de sus reformas —solo la forma de comunicarlas— en un contexto en que la ultraderecha capitaliza precisamente esa distancia entre el gobierno y las angustias cotidianas de los ciudadanos del este.
La derrota en Sajonia-Anhalt —que pertenece a la antigua Alemania comunista, donde AfD concentra su mayor base electoral— llega dos semanas antes de elecciones regionales en Berlín y Mecklemburgo-Antepomerania, lo que convierte el resultado del domingo en un termómetro de la temperatura política nacional con consecuencias inmediatas. Merz respondió con un mensaje que buscó tranquilizar tanto al interior del país como a los aliados europeos: "Nuestras instituciones son estables y capaces de defenderse. Sabemos que Alemania, debido a su historia, cuenta con una responsabilidad especial. Siempre mantendremos nuestro orden político y nuestro anclaje firme en Europa". La apelación a la historia alemana —código para referirse al nazismo— es la advertencia más seria que un político alemán puede lanzar ante el avance de la ultraderecha, y el hecho de que Merz la haya invocado refleja la gravedad con que el establishment político alemán percibe un resultado que hace apenas cinco años habría sido impensable.