La relación entre el Gobierno nacional y la Iglesia Católica atraviesa uno de sus momentos más delicados desde la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada. Aunque en los últimos meses hubo gestos para bajar la tensión y abrir canales de diálogo, las diferencias de fondo siguen intactas y amenazan con volver a quedar expuestas en los próximos días.
El escenario se recalienta justo antes de la Colecta Anual de Cáritas, prevista para el 6 y 7 de junio, una campaña que moviliza a parroquias, diócesis y capillas de todo el país para asistir a familias en situación de pobreza y exclusión.
En paralelo, dentro del oficialismo crece la preocupación por el impacto político que podría tener una nueva escalada de cuestionamientos de la Iglesia sobre la situación social y económica.
Cáritas, la pobreza y un mensaje que incomoda
En las últimas semanas, distintos referentes eclesiásticos volvieron a advertir sobre el crecimiento de la demanda de ayuda alimentaria y social en sectores que antes no acudían a las parroquias.
El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo, planteó:
“Hay gente de clase media baja que viene a pedir a Cáritas. Muchos que son pobres, hace unos meses o años, nos ayudaban en Cáritas”, expresó.
La frase cayó en un momento especialmente sensible para el Gobierno, que busca sostener el respaldo a su programa económico mientras aumentan los reclamos vinculados al deterioro social y la falta de empleo.
Desde la Iglesia ya anticipan que el eje de la pobreza volverá a ocupar un lugar central durante la campaña solidaria de este fin de semana.
El Tedeum, las críticas y el ruido en el oficialismo
La tensión volvió a quedar expuesta después del Tedeum del 25 de mayo encabezado por el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva.
Aunque desde el oficialismo interpretaron como un alivio que la homilía no profundizara directamente sobre la economía, algunos dirigentes libertarios cuestionaron públicamente al arzobispo.
El propio Milei intentó desdramatizar el episodio y sostuvo que las palabras pronunciadas durante la ceremonia debían entenderse “en el marco de las sagradas escrituras”.
Sin embargo, lejos de apagarse, el malestar siguió creciendo por debajo. En la Iglesia consideran que las señales de preocupación social continuarán apareciendo porque forman parte de lo que los obispos ven diariamente en los barrios y parroquias.
El otro punto que genera tensión
Además de la pobreza, otro de los temas que abrió diferencias entre la Iglesia y el Gobierno es el proyecto de Ley de Ludopatía enviado al Congreso.
Las autoridades eclesiásticas vienen reclamando mayores restricciones a la publicidad vinculada al juego y alertan sobre la exposición de menores a plataformas de apuestas online.
Dentro de la Iglesia admiten que ese debate seguirá generando ruido porque consideran que el problema avanza cada vez más rápido entre adolescentes y jóvenes.
El Papa y los esfuerzos de la Casa Rosada
Mientras intenta contener el frente interno y sostener la relación institucional con la Iglesia, el Gobierno también mira de cerca otro factor sensible: la eventual visita del Papa al país.
En Casa Rosada reconocen que un viaje papal obligaría a un trabajo coordinado entre ambas partes y por eso en las últimas semanas se reforzaron los contactos a través de funcionarios designados como interlocutores.
La ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, y el secretario de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno, quedaron al frente de buena parte de ese vínculo.
Por ahora, las diferencias persisten. Y en medio de una situación social cada vez más compleja, el próximo fin de semana podría convertirse en una nueva postal del clima incómodo que atraviesa la relación entre la Iglesia y el Gobierno.