Los allanamientos en la red de clínicas clandestinas de González Catán dejaron un hallazgo que profundiza la investigación: documentos quemados en uno de los locales y una flota completa de ambulancias y vehículos ploteados con la imagen de la empresa, todos sin habilitación oficial. La Justicia investiga si los papeles calcinados eran historias clínicas, recetarios o expedientes destruidos para eliminar pruebas.
Los operativos se realizaron en múltiples puntos: sedes de la obra social, clínicas, consultorios, depósitos y casas particulares. En esos lugares también se secuestró mercadería valuada en más de 80 millones de pesos. Las ambulancias y vehículos encontrados eran utilizados para traslados sin contar con ningún tipo de habilitación.
Uno de los aspectos que más llamó la atención de los investigadores fue el nivel de profesionalismo con el que estaban montados los centros de salud: la apariencia era completamente similar a la de cualquier clínica habilitada, lo que les permitía engañar a los pacientes sin levantar sospechas.
La investigación también expuso el trasfondo financiero de la organización: parte del dinero que sostenía la estructura provenía de la piratería del asfalto. Los implicados robaban camiones con mercadería, la comercializaban y luego utilizaban esos fondos para financiar la red y blanquear ingresos.
En total hubo 29 detenidos, aunque solo seis quedaron presos y son considerados los principales responsables. Entre ellos hay familiares y personas con antecedentes por homicidio y otros delitos similares. Según los investigadores, la organización operó durante al menos cinco años, montando una red ilegal de servicios de salud que funcionó sin controles y con múltiples irregularidades.