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El día que renunció Cámpora y comenzó un enfrentamiento que todavía dura

El 13 de julio de 1973 renunciaba la fórmula presidencial, y se encaminaba el proceso para nuevas elecciones en septiembre, que ganó Juan Domingo Perón.

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El 13 de julio de 1973, hoy hace 53 años, renunciaron a sus cargos de presidente y vice, Héctor Cámpora y Vicente Solano Lima; inauguraron, con ese gesto irremediable, una época del peronismo signado por tremendos vaivenes entre derecha e izquierda, en el centro del poder político de Argentina: esa época, con otros actores y diferente intensidad, todavía perdura, con epicentro en la provincia de Buenos Aires, con el enfrentamiento entre Cristina Fernández y su hijo Máximo, con el gobernador y aspirante a la presidencia, Axel Kicillof.

Cámpora y Solano Lima habían ganado las elecciones con el Frente Justicialista de Liberación (Frejuli), una de las tantas denominaciones frentistas ensayada por el peronismo. Duraron 49 días: el retorno de Juan Domingo Perón, la masacre de Ezeiza, y la puja por conducir al país entre modelos socialistas y nacionalistas de centro derecha, provocaron que no hubiera más tiempo, y se buscara facilitar el acceso a la presidencia de Perón, en fórmula con Isabel (María Estela Martínez), su esposa.

El lema de campaña explicaba las circunstancias directamente: “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, rezaba; y se probó que para tener el poder había que comandar también, directamente, el gobierno. Así, Perón volvió a ser candidato, y, en septiembre del mismo año, el resultado fue una aplastante victoria, con 61,86% de los votos, contra 24,42% obtenido por el radical Ricardo Balbín, 12,20% de Francisco “Paco” Manrique por la Alianza Popular Federalista (una coalición de derecha, afirmada en la popularidad entre los jubilados del ex ministro) y 1,53% de Juan Carlos Coral, que se presentó por el Partido Socialista de los Trabajadores.

El período que fue desde este día, el de la renuncia, hasta la asunción del ganador de los nuevos comicios, fue perfectamente organizado: El presidente provisional del Senado, Alejandro Díaz Bialet, fue enviado al exterior en una misión especialmente diseñada para la ocasión, y, de esa manera, se evitó que asumiera el cargo correspondiente a la acefalía presidencial. En su lugar, asumió el presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Lastiri, quien era, ni más ni menos, que el yerno de José López Rega.

Perón asumió con esa gran mayoría respaldándolo, pero la violencia política no se frenó. El presidente estaba ya enfermo, y murió al año siguiente, el 1 de julio de 1974. Todos sus intentos para armar una continuidad democrática y pacificar al país por medio de las instituciones, fueron en vano. A su muerte, asumió Isabel, sentada sobre un barril lleno de pólvora, con una guerra no declarada pero vigente entre la izquierda y la derecha, por dentro y por fuera del peronismo; el proceso derivó en el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.

Mientras tanto, el “Tío” Héctor Cámpora, corría la triste suerte de los exiliados. En 1975, Isabel y López Rega determinaron su expulsión del Partido Justicialista. La noche del golpe de Estado salvó su vida al escapar junto a su familia, en medio de un ataque terrorista a su hogar. Se asiló en la embajada de México, y allí permaneció tres años.

Muy enfermo, en noviembre de 1979, la dictadura argentina permitió que saliera del país, para exiliarse en suelo mexicano. Allí murió, trece meses después.

Hoy le da el nombre a la agrupación que comanda Máximo Kirchner, el hijo de los presidentes Néstor Kirchner, y Cristina Fernández. Cuando murió Cámpora, en el duro exilio mexicano, Máximo tenía dos años, y empezaba a transcurrir su infancia en Río Gallegos, Santa Cruz, desde donde sus padres construyeron un poder político que duró medio siglo.

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