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La ejecución de Aramburu inauguraba aquel junio de hace 56 años

Uno de los hechos que anticipó la espiral de violencia política que derivó en el golpe de Estado de 1976.

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En 1973, apenas recuperada (fugazmente) la democracia, y retornado al país Juan Domingo Perón, en el comedor universitario de La Plata, era usual que ingresaran columnas de la Juventud Peronista, al grito de -entre bombos y profusión de banderas- “duro, duro, duro, aquí están los montoneros que mataron a Aramburu”.

Era común, en esa época de violencia política creciente, y el hecho estaba fresco: Pedro Eugenio Aramburu había sido ejecutado el 1 de junio de 1970, como parte de un operativo que se denominó “Pindapoy”, y que había logrado secuestrar al militar en su departamento de Buenos Aires, simulando, los montoneros participantes, ser integrantes de una custodia uniformada.

Aramburu fue llevado a una estancia de Timote, en Buenos Aires. Allí fue ejecutado, después de un “juicio revolucionario” que lo culpó por la firma de los fusilamientos de civiles y militares peronistas en 1956, cuando el levantamiento del general Juan José Valle, la proscripción del peronismo, y el secuestro y ocultamiento del cadáver de Eva Perón, entre otras imputaciones.

Montoneros no ocultó esa ejecución. Por el contrario, la publicó en el “comunicado número 4”, que envió a los medios de prensa; incluso, dos semanas después del hecho, se dio a conocer otro comunicado detallando las pertenencias que tenía Aramburu en su poder cuando fue secuestrado.

Como para entender esa época, de violencia explícita, asumida, y confusión extrema en el discernimiento de quiénes eran “los buenos” y quienes “los malos”, el 3 de septiembre de 1974, en la edición número 9 de la revista La Causa Peronista, bajo el título de «Cómo murió Aramburu», los líderes de la conducción fundacional, Mario Eduardo Firmenich y Norma Arrostito, contaron, paso a paso, el Operativo Pindapoy.

En ese año 1974, el de la muerte de Perón (1 de julio), la Juventud Peronista había decidido participar, por primera vez, de las elecciones en los centros de estudiantes de las universidades. El “duro, duro, duro, aquí están los montoneros que mataron a Aramburu” era una de sus consignas repetidas.

La espiral de violencia no se detuvo. El 24 de marzo de 1976 se concretó el golpe de Estado, el gobierno de María Estela Martínez de Perón fue derrocado, y se desató la represión más dura, desde el Estado, que se hubiera conocido en Argentina.

Los ecos de aquellos años turbulentos, todavía resuenan en la sociedad, ominosos. La democracia no ha sido interrumpida, pero sigue frágil. Ya nada es tan explícito: de alguna manera, la hipocresía ha desplazado a la sinceridad.

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