La industria volvió a mostrar señales de deterioro en julio y las empresas comenzaron a enfrentar una combinación cada vez más difícil: menor demanda interna, caída de la producción y mayor presión de la competencia desleal y el contrabando. Según el último relevamiento de la Unión Industrial Argentina (UIA), el 42,9% de las compañías redujo su producción respecto del promedio mensual del trimestre anterior, mientras que apenas el 20,9% logró mejorarla.
El Monitor de Desempeño Industrial (MDI) se ubicó en 40,4 puntos, por debajo de los 50 que marcan la frontera entre expansión y contracción. El indicador cayó 3,1 puntos frente a abril y quedó 4,7 puntos por debajo del registro de julio de 2025. El deterioro fue generalizado: todos los sectores relevados permanecieron en zona contractiva.
El principal problema apareció en el mercado interno. El 49,7% de las empresas registró una baja en sus ventas, mientras que solo el 16,2% informó un aumento. En ese contexto, el 48,6% identificó a la caída de la demanda como una de las principales dificultades que enfrenta su actividad.
La situación fue todavía más complicada para las micro y pequeñas empresas. El 47,8% de estas firmas redujo su producción y el 54,8% tuvo menores ventas, frente al 34% y 40%, respectivamente, entre las empresas de mayor tamaño. El relevamiento muestra así una mayor exposición de las pymes a la retracción del consumo y al deterioro de las condiciones de competencia.
A la caída de la demanda se sumó otro factor que ganó peso en el relevamiento: la competencia desleal y el contrabando. El 59,7% de las empresas calificó su impacto como alto o muy alto, cinco puntos porcentuales más que un año atrás. Para el 48,4% de las compañías afectadas, la principal consecuencia fue una reducción de sus ventas.
Entre las prácticas señaladas, el 50,7% detectó productos de origen externo comercializados a precios artificialmente bajos. Según las empresas relevadas, esos valores ejercen presión sobre los precios locales y dificultan que la producción nacional pueda cubrir sus costos. También fueron mencionadas la falta de certificaciones obligatorias, la ausencia de trazabilidad y la venta sin factura u otras modalidades de informalidad comercial.
El impacto fue particularmente elevado en algunos sectores industriales. El 88,2% de las empresas de metales comunes calificó como alto o muy alto el efecto de la competencia desleal y el contrabando. La proporción llegó al 84,6% en textiles y al 76,2% en confecciones, cuero y calzado.
Frente a este escenario, las empresas plantearon distintas medidas. El 33,2% reclamó fortalecer los controles aduaneros, mientras que el 19,1% pidió una mayor fiscalización sobre la facturación y la informalidad comercial. Otro 15,1% consideró necesario reforzar los controles sobre las operaciones realizadas a través del comercio electrónico.
El deterioro de la actividad también comenzó a reflejarse en las finanzas de las compañías. El 47,6% tuvo dificultades para afrontar al menos uno de sus compromisos habituales, entre ellos impuestos, proveedores, obligaciones financieras, servicios públicos y salarios. En tanto, el 9,2% tuvo problemas para cumplir con todos esos pagos al mismo tiempo, el nivel más elevado de la serie y más del doble del promedio histórico.
Para sostener sus obligaciones, el 56,2% de las empresas que enfrentaron dificultades recurrió a mayor endeudamiento o financiamiento de corto plazo. A su vez, el 53,2% señaló un incremento de los intereses y costos financieros, lo que sumó presión sobre los márgenes en un contexto de menores ventas.
El mercado laboral también comenzó a sentir el impacto, aunque el ajuste fue menor al registrado en producción y ventas. El 21,2% de las empresas redujo su personal y el 18,7% recortó turnos. Para los próximos 12 meses, además, el 27,5% anticipó que podría disminuir su dotación, mientras que solo el 16,9% espera incorporar trabajadores.
La cautela se trasladó finalmente a las inversiones. La utilización promedio de la capacidad instalada fue de 53,6%, y el 64,4% de las compañías trabajó por debajo del nivel que considera óptimo. Entre esas empresas, ocho de cada diez no esperan recuperar ese nivel durante el próximo año y solo el 43% considera que actualmente es un buen momento para invertir en maquinaria y equipamiento.