Un mensaje viejo que volvió y desató todo
El cruce empezó con una publicación del pasado. Se viralizaron mensajes de 2012 en los que la actual diputada Sabrina Ajmechet afirmaba que “las Malvinas no son ni nunca fueron argentinas”.
Esa frase, en el contexto actual, reactivó una discusión que rápidamente escaló dentro del propio oficialismo.
La respuesta de la vicepresidenta
La vicepresidenta Victoria Villarruel reaccionó sin matices. Al citar esos mensajes, escribió:
“Ajmechet es una vergüenza”, dijo indignada la vice.
Pero no se quedó ahí. En otra publicación fue más directa:
“Nadie escribe eso si no es porque es proinglés. Ni el argentino menos formado escribe semejante ofensa”, espetó.
El mensaje apuntó de lleno al posicionamiento histórico de la diputada sobre la soberanía de las islas.
La réplica: acusación directa y sin rodeos
La respuesta de Ajmechet llegó poco después y elevó aún más el tono del conflicto.
“Es una vergüenza que la vicepresidente de un país ataque a una diputada oficialista”, escribió. Y avanzó un paso más: “Es una vergüenza que una vicepresidente esté en contra de su gobierno”.
En el mismo descargo, la legisladora acusó a Villarruel de “traidora” y cuestionó su rol dentro del Ejecutivo.
La defensa y el intento de bajar el impacto
Ajmechet sostuvo que sus antiguos mensajes fueron sacados de contexto y aseguró que no tiene declaraciones recientes en contra de la causa Malvinas.
También defendió su trabajo dentro del oficialismo y vinculó el ataque con su postura política actual.
Una interna expuesta y sin filtro
El cruce no quedó solo entre dos dirigentes. La diputada Lilia Lemoine salió en respaldo de Ajmechet y sumó otro frente al conflicto.
Lo que empezó con un mensaje viejo terminó mostrando una discusión abierta dentro del oficialismo, con acusaciones públicas y sin intermediarios.
Un tema sensible en el centro del conflicto
La soberanía de las Islas Malvinas es uno de los temas más sensibles de la política argentina.
En ese contexto, la reaparición de una frase de años atrás alcanzó para desatar un enfrentamiento directo en la cúpula del poder, con consecuencias que todavía siguen abiertas.