La banda llegó a la cordillera neuquina como si fuera un grupo de turistas. Alquiló cabañas, utilizó camionetas 4x4 y hasta motos de nieve. Pero detrás de esa fachada había un objetivo: mover un cargamento de 783 kilos de cocaína y sacarlo del país rumbo a Chile.
El 4 de julio de 2024, mientras Argentina jugaba contra Ecuador por la Copa América, Gendarmería y Prefectura dieron el golpe. Dos años después, la Justicia vuelve sobre los teléfonos y dispositivos secuestrados para intentar reconstruir quién financió la operación y hasta dónde llegaban las conexiones de una organización con ramificaciones internacionales.
El operativo bautizado “Infierno Blanco” no nació en Caviahue. El procedimiento del 4 de julio de 2024 fue el resultado de una investigación que llevaba varios años siguiendo los movimientos de una organización dedicada al tráfico internacional de cocaína.
La pesquisa estaba bajo la órbita de la Procuraduría de Narcocriminalidad (PROCUNAR) y tenía como protagonistas a Gerardo David Salinas, conocido como “El Negro”, e Ileana Mariela Bolzán.
La organización ya había quedado bajo la lupa por otros importantes cargamentos. Entre los antecedentes aparecen los 1.460 kilos de cocaína secuestrados en 2020 a bordo del velero Thorben, en una operación vinculada con España, y otros 1.548 kilos incautados en 2022 en Canning y Escobar.
La hipótesis de los investigadores era que detrás de esas operaciones había una estructura mucho mayor, con capacidad para conseguir droga, trasladarla, almacenarla y luego sacarla de Argentina mediante diferentes rutas. Caviahue terminó siendo una de esas piezas.
¿Por qué Caviahue?
La elección de la localidad cordillerana no fue casual. Caviahue está ubicada a pocos kilómetros de la frontera con Chile y, durante el invierno, las condiciones climáticas y geográficas convierten a la cordillera en un territorio particularmente complejo para los controles.
La banda llegó a la localidad el 19 de junio de 2024. Alquiló cabañas y comenzó a moverse por la zona. Para no despertar sospechas, algunos integrantes se presentaban como turistas interesados en las actividades de nieve.
Incluso utilizaron motos de nieve y realizaron excursiones que, según los investigadores, pudieron haber servido para reconocer caminos y posibles pasos clandestinos hacia Chile. La organización llegó a cambiar de complejo de cabañas en varias oportunidades. Mientras tanto, los investigadores seguían sus movimientos.
Una empresa radicada en Buenos Aires, que figuraba formalmente como una firma ganadera, habría pagado alrededor de 680.000 pesos por el alquiler de las cabañas utilizadas por el grupo. Ese dato es ahora uno de los puntos que la Justicia busca profundizar.
El cargamento estaba listo
Mientras algunos integrantes se ocupaban de la logística, la droga permanecía escondida. El cargamento estaba compuesto por alrededor de 700 panes de cocaína, distribuidos en distintos vehículos. Parte de la droga fue colocada en una Toyota Hilux y otra parte en una Mercedes-Benz Sprinter que había sido acondicionada para transportar el cargamento. En total, el peso llegó a 783 kilos, con un valor estimado entonces en unos 15 millones de dólares.
La logística incluía además otros vehículos y sistemas de comunicación. En los allanamientos posteriores aparecieron celulares, computadoras, radios, equipos de comunicación satelital y cartas náuticas. Esos elementos terminarían siendo tan importantes para la investigación como la propia droga.
La banda llegó a la localidad el 19 de junio de 2024. Alquiló cabañas y comenzó a moverse por la zona. Para no despertar sospechas, algunos integrantes se presentaban como turistas interesados en las actividades de nieve. Incluso utilizaron motos de nieve y realizaron excursiones que, según los investigadores, pudieron haber servido para reconocer caminos y posibles pasos clandestinos hacia Chile. La organización llegó a cambiar de complejo de cabañas en varias oportunidades. Mientras tanto, los investigadores seguían sus movimientos.
La noche que eligieron para mover la cocaína
El plan tenía una particularidad: aprovechar una situación que, para los investigadores, podía funcionar como una pantalla perfecta. Era la noche del 4 de julio de 2024 y la Selección Argentina enfrentaba a Ecuador por los cuartos de final de la Copa América.
El partido terminó en penales y con la clasificación argentina. Mientras buena parte del país estaba concentrada frente a los televisores, la banda decidió comenzar el movimiento del cargamento. Los investigadores ya estaban siguiendo sus pasos.
La información indica que, prácticamente al mismo tiempo que comenzaba el partido, una camioneta Jeep se desplazó desde Zapala hacia Las Lajas y posteriormente hacia Caviahue. Allí se produjo el encuentro con otros vehículos. La maniobra fue detectada.
El momento del golpe
En medio de la noche, con temperaturas que rondaban los 15 grados bajo cero, efectivos de Gendarmería Nacional y Prefectura Naval avanzaron sobre los vehículos. La escena se produjo en la Ruta Provincial 26, cuando los investigadores observaron movimientos sospechosos alrededor de las camionetas. Los efectivos encontraron bolsos en los vehículos y procedieron a detener a los integrantes de la organización. El operativo había terminado.
En los vehículos aparecieron los ladrillos de cocaína. Una parte importante —unos 490 panes— estaba en la Toyota Hilux, mientras que otros 210 fueron encontrados en la Mercedes-Benz Sprinter. En total: 783 kilos de cocaína secuestrados.
Fue considerado el mayor golpe contra el narcotráfico de cocaína registrado hasta ese momento en la provincia de Neuquén.
Un operativo que no terminó en Caviahue
El procedimiento en la cordillera fue apenas una parte de un operativo mucho más amplio. Mientras en Neuquén se detenía a los integrantes que transportaban la droga, se realizaron allanamientos simultáneos en Córdoba, la Ciudad de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires. En esos procedimientos fueron secuestrados vehículos, dinero, celulares, computadoras, radios, documentación y cartas náuticas.
La investigación contó además con intercambio de información con organismos de seguridad de Brasil, Uruguay, Paraguay y España, además de la participación de organismos especializados en narcotráfico marítimo. Eso permitió confirmar que el caso Caviahue no era un episodio aislado.
De Sudamérica a Europa: la ruta internacional
Una de las grandes preguntas de la investigación fue qué destino final tenía la droga. Lo que sí estaba claro era que el cargamento debía ser llevado hacia Chile. La hipótesis de los investigadores era que desde allí podía utilizarse la salida por el océano Pacífico para continuar el recorrido hacia otros mercados internacionales.
Las pesquisas también relacionaron a la organización con una estructura que tenía conexiones entre Perú, Argentina, Chile y España, con una logística que combinaba transporte terrestre, operaciones marítimas y empresas utilizadas como pantalla.
En 2024, los investigadores todavía tenían varios interrogantes sobre la ruta exacta. Las cartas náuticas encontradas y los dispositivos electrónicos podían aportar información sobre el destino final.
Dos años después, esa pregunta sigue siendo central.
Una de las grandes preguntas de la investigación fue qué destino final tenía la droga. Lo que sí estaba claro era que el cargamento debía ser llevado hacia Chile. La hipótesis de los investigadores era que desde allí podía utilizarse la salida por el océano Pacífico para continuar el recorrido hacia otros mercados internacionales. Las pesquisas también relacionaron a la organización con una estructura que tenía conexiones entre Perú, Argentina, Chile y España, con una logística que combinaba transporte terrestre, operaciones marítimas y empresas utilizadas como pantalla.
Los nombres detrás de los 783 kilos
Entre los principales acusados apareció Gerardo David Salinas, alias “El Negro”, señalado como uno de los organizadores de la operación. También quedó involucrada Ileana Mariela Bolzán, considerada una pieza central de la estructura y vinculada anteriormente con el caso del velero Thorben.
Bolzán había quedado relacionada con aquella operación en la que se trasladaron más de 1.400 kilos de cocaína hacia España. También apareció vinculada posteriormente con una operación de metanfetaminas frustrada durante el Mundial de Qatar 2022.
La conexión entre aquellos expedientes y Caviahue es uno de los elementos que permitió a los investigadores sostener la hipótesis de que se trataba de una misma estructura o de distintas ramas de una organización con capacidad internacional.
El caso no terminó con las detenciones.
La causa continuó bajo la órbita de la PROCUNAR y, según la información conocida este martes 15 de septiembre, siete personas fueron procesadas con prisión preventiva, mientras que otro imputado obtuvo falta de mérito y un integrante de la organización permanece prófugo.
Pero uno de los puntos más importantes de la investigación acaba de volver a ponerse en marcha.
Entre los principales acusados apareció Gerardo David Salinas, alias “El Negro”, señalado como uno de los organizadores de la operación. También quedó involucrada Ileana Mariela Bolzán, considerada una pieza central de la estructura y vinculada anteriormente con el caso del velero Thorben. Bolzán había quedado relacionada con aquella operación en la que se trasladaron más de 1.400 kilos de cocaína hacia España. También apareció vinculada posteriormente con una operación de metanfetaminas frustrada durante el Mundial de Qatar 2022.
Dos años después, vuelven a los teléfonos
En septiembre de 2026, el Juzgado Federal N°2 de Lomas de Zamora dispuso avanzar con el peritaje de los teléfonos celulares y otros dispositivos electrónicos secuestrados durante el operativo. El objetivo es reconstruir la red de contactos, determinar cómo se financiaba la operación y establecer cuáles eran las conexiones internacionales de la organización.
Entre los interrogantes principales aparece quién pagó realmente el cargamento y qué papel tuvo la empresa que abonó el alquiler de las cabañas en Caviahue. También se busca determinar cómo se articulaba la logística que permitió trasladar casi 800 kilos de cocaína hasta la cordillera y qué otras personas pudieron haber participado.
El “Infierno Blanco” dejó una imagen difícil de olvidar: cientos de ladrillos de cocaína ocultos en vehículos, una banda instalada durante semanas en una localidad turística de la cordillera y una operación que intentó aprovechar el fervor por la Selección para mover un cargamento millonario. Pero detrás de esos 783 kilos había mucho más. Había una estructura que, según la investigación, podía moverse entre distintos países, utilizar empresas como cobertura, recurrir a rutas terrestres y marítimas y aprovechar la geografía de la cordillera para intentar sacar droga de la Argentina.
Una causa que todavía tiene capítulos abiertos
El “Infierno Blanco” dejó una imagen difícil de olvidar: cientos de ladrillos de cocaína ocultos en vehículos, una banda instalada durante semanas en una localidad turística de la cordillera y una operación que intentó aprovechar el fervor por la Selección para mover un cargamento millonario.
Pero detrás de esos 783 kilos había mucho más. Había una estructura que, según la investigación, podía moverse entre distintos países, utilizar empresas como cobertura, recurrir a rutas terrestres y marítimas y aprovechar la geografía de la cordillera para intentar sacar droga de la Argentina.
Caviahue fue el lugar donde la organización quedó expuesta. Dos años después, la Justicia intenta reconstruir lo que ocurrió antes y después de aquella noche de julio. Y los teléfonos secuestrados pueden contener las respuestas que todavía faltan para completar el mapa de una de las operaciones narco más importantes descubiertas en Neuquén.