Después de la primera explosión de flores, muchos cometen el error de pensar que el ciclo de las rosas ha llegado su fin, sin embargo, este es el momento donde comienza una de las fases clave para la vida de la planta. Los cuidados que reciba en las semanas posteriores, van a determinar si podrá volver a producir nuevos capullos durante el verano o si se reducirá su ritmo de floración.
Este proceso es mucho más sencillo de lo que mucha gente cree, ya que no se necesita un tratamiento complejo para su cuidado. Solamente basta con seguir tres pasos básicos para ayudar al rosal a conservar su vigor y que continúe produciendo flores sanas y coloridas.
El primero de ellos es eliminar las flores marchitas. Éste paso es clave para estimular la floración de nuevos capullos.
Desde el punto de vista biológico, las plantas marchitas envían parte de su energía a la formación de frutos y semillas, por eso si se eliminan, el rosal puede enfocar sus recursos a producir nuevos brotes.
Es importante realizar un mantenimiento constante. Después de la primera tanda de floración, es conveniente retirar las ramas secas, ya que no solo afectan a la planta, sino que pueden convertirse en un foco de aparición de hongos y plagas. También hay que eliminar los tallos que crecen hacia el interior, para que no dificulten la circulación del aire entre las ramas.
Por último, cuando llegan las altas temperaturas, la intensa exposición al sol puede evaporar el agua más rápido. Por eso es conveniente hacer riegos abundantes y espaciados que aporten humedad en forma frecuente.
Otro recurso útil puede ser colocar una capa de manta orgánica alrededor del rosal, para mantener la humedad y estabilizar la temperatura del suelo.
Resumiendo, con una poda ligera, un riego adecuado y una buena limpieza, tus rosales van a lucir espléndidos durante todo el verano.