El universo de las facturas argentinas incluye clásicos que atraviesan generaciones y costumbres. Entre ellas, la cremona, ocupa un lugar destacado por su forma de espiral y su textura hojaldrada. Sin embargo, la versión con queso es una novedad dentro de la panificación y suma un giro contemporáneo a una receta tradicional.
Esta variante, menos habitual en las bandejas de las panaderías, es ideal para quienes buscan sabores nuevos y combinaciones diferentes.
La cremona de queso es una factura salada, de masa hojaldrada y esponjosa, que se arma en forma de espiral y se aplasta antes de hornear. Se cubre generosamente con queso rallado, que al gratinarse forma una capa dorada y crocante en la superficie. El resultado es una pieza de panadería de sabor suave y versátil, perfecta para compartir.
Ingredientes
500 grs. de harina 0000
250 ml. de leche tibia
100 grs. de manteca derretida
1 huevo
25 grs. de levadura fresca
1 cdita. de sal
1 cdita. de azúcar
200 grs. de queso rallado (pategrás, reggianito, mozzarella)
2 cdas. de aceite para pincelar
Disolver la levadura con el azúcar en la leche tibia. Dejar espumar 5 minutos.
En un bowl, mezclar la harina y la sal. Hacer un hueco en el centro y agregar la levadura activada, el huevo y la manteca derretida.
Unir todo y amasar hasta conseguir un bollo liso. Dejar descansar tapado 10 minutos.
Estirar la masa en un rectángulo de 1 cm. de espesor. Pincelar con aceite y cubrir con la mitad del queso.
Enrollar la masa como un pionono. Formar un caracol y aplastar suavemente.
Colocar la cremona sobre una placa aceitada, pincelar con un poco más de aceite y esparcir el resto del queso por encima.
Dejar levar 10 minutos en lugar cálido.
Llevar a horno precalentado a 200 grados durante 25 minutos, hasta que esté bien dorada y el queso haga burbujas.
Retirar y dejar enfriar sobre una rejilla antes de servir.