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El secreto de los centenarios para vivir más y mejor está en las plantas: qué dice la ciencia

Diferentes estudios explican cómo la presencia de vegetación en el hogar impacta en el cerebro y la salud cotidiana.

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Domingo, 23 de agosto de 2026 a las 00:06
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Tener plantas puede cambiar tu vida: el sorprendente hábito de los centenarios.

Tener plantas en la casa no es una cuestión de estética ni de tendencia, es una decisión sobre cómo querés que funcione tu cerebro, tu cuerpo y el espacio donde vivís. La ciencia lleva décadas acumulando evidencia para sostenerlo.

Antes de hablar de plantas específicas, ubicaciones o cuidados, es importante conocer un concepto que en neurointeriorismo y diseño biofílico, es absolutamente central: la biofilia. El término fue acuñado por el psicólogo alemán Erich Fromm en el año 1973, quien lo definió como el “amor apasionado por la vida y por todo lo que está vivo”.

Pero fue el biólogo de Harvard Edward O.Wilson, quien en 1984 le dio el marco científico que hoy conocemos, cuando afirmó que los “seres humanos tenemos una tendencia innata a buscar conexión con otras formas de vida y que esa tendencia tiene base genética”. No es una elección cultural, está grabada en nuestro sistema nervioso desde hace miles de años.

Durante cientos de miles de años la presencia de vegetación significaba agua, alimento, refugio y protección. La ausencia de verde en cambio era señal de peligro. Ese código ancestral sigue vivo hoy. Cuando rodeamos nuestro espacio de plantas, le estamos diciendo a nuestro sistema nervioso algo muy concreto: acá estás bien.

Las Zonas Azules son las cinco regiones del mundo donde se concentra la mayor cantidad de personas que superan los 100 años: Okinawa (Japón), Cerdeña (Italia), Icaria (Grecia), Nicoya (Costa Rica) y Loma Linda (California, Estados Unidos). Durante años se estudió que tenían en común éstas poblaciones y se descubrió que compartían factores conocidos: dieta basada en plantas, redes sociales fuertes, propósito de vida y movimiento natural. Pero hay algo que no se debe pasar por alto, en todas estas comunidades la gente hace jardinería. Hay algo más que debemos saber, el aire dentro de nuestra casa puede tener diez veces más contaminantes que el aire del exterior.

La pintura de las paredes, los muebles de madera compuesta, los desodorantes de ambiente, las alfombras nuevas, los adhesivos liberan gases químicos al aire del hogar. Muchos de ellos no tienen olor, no los vemos, no los percibimos, pero allí están. La exposición a estos compuestos incluyen dolor de cabeza, fatiga, mareos, náuseas e irritación de ojos, nariz y garganta, La exposición crónica puede ocasionar daño hepático, renal y del sistema nervioso central.

En 1989 la NASA investigó en un estudio dirigido por el científico B.C.Wolverton, la capacidad de algunas especies como el potus, el espatifilo y la palma bambú, de reducir las concentraciones de COVs (compuestos orgánicos volátiles) entre 50 por ciento y un 90 por ciento, en esas condiciones controladas.

La presencia de plantas en espacios de trabajo tiene efectos medibles sobre el bienestar y la satisfacción laboral. Reducen los sentimientos negativos y niveles de estrés.

También la psicología tiene algo para aportar, los rasgos de personalidad que se encuentran con mayor frecuencia entre quienes tienen una relación cercana con las plantas, incluye mayor empatía, apertura a la experiencia, responsabilidad y sensibilidad estética.

Cuidar una planta es, en términos psicológicos, un ensayo de la capacidad de cuidar a otros. Requiere observación, constancia, ajuste a las necesidades del otro, paciencia y tolerancia a la incertidumbre.

 

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