La incertidumbre que rodeó durante varios días al sobreviviente más grave del brutal choque ocurrido en el centro de Roca dio paso a una noticia alentadora: el joven de 20 años está fuera de peligro. Había ingresado al hospital Francisco López Lima con heridas que comprometían seriamente su vida y permanecía en terapia intensiva, intubado y con pronóstico reservado. Sin embargo, la evolución de las últimas jornadas cambió el panorama, aunque todavía necesita asistencia respiratoria mecánica y permanece bajo estricta vigilancia médica.
La tragedia se desencadenó cerca de la una de la madrugada del jueves 22 de octubre, en la intersección de avenida Roca y calle Alsina. Allí, dos motos que circulaban por la avenida en sentido sur-norte impactaron contra el lateral de un Volkswagen Bora que cruzaba por Alsina, de oeste a este. La violencia de la colisión fue tal que los tres ocupantes de los rodados menores salieron despedidos y terminaron con heridas de consideración.
El despliegue de emergencia fue inmediato. El personal del SIARME acudió con tres ambulancias y trasladó a los heridos al hospital local bajo código rojo, una respuesta reservada para situaciones de extrema gravedad. En el centro de salud, los médicos se encontraron con un cuadro complejo: dos de los jóvenes necesitaron atención intensiva y una de las víctimas debió ser intervenida quirúrgicamente por lesiones internas. Pese a los esfuerzos del equipo médico, no logró sobrevivir.
La víctima fatal fue identificada posteriormente como Yasmine Sat, de 20 años. Su muerte convirtió el choque en una tragedia que golpeó a la comunidad roquense y dejó a dos sobrevivientes frente a las consecuencias físicas del impacto. Mientras uno presentaba múltiples fracturas y se encontraba fuera de peligro en los primeros reportes, el otro quedó en una situación mucho más delicada.
Ese joven sufrió un traumatismo de cráneo severo y un trauma hepático, lesiones que obligaron a mantenerlo en coma farmacológico, con asistencia respiratoria mecánica y monitoreo permanente. Durante las primeras horas, el pronóstico era reservado y el riesgo vital elevado. Los médicos realizaron controles continuos, incluidas tomografías computadas, para evaluar la evolución de los politraumatismos y determinar qué procedimientos podían ser necesarios de acuerdo con su estado.
En ese contexto, las primeras 48 horas aparecían como un período determinante. La falta de una mejoría inicial mantenía la preocupación por la evolución del paciente y la posibilidad de que las lesiones provocaran complicaciones. Con el correr de los días, sin embargo, el cuadro comenzó a estabilizarse y los reportes médicos empezaron a mostrar una evolución favorable.
La actualización difundida confirmó el cambio más importante desde el ingreso del joven al hospital: ya no se encontraba en riesgo de vida. De todos modos, el parte médico puso un límite claro a cualquier lectura apresurada. El paciente continúa internado en terapia intensiva, intubado y conectado a asistencia respiratoria mecánica. Su estado requiere evaluaciones permanentes y la mejoría no equivale a una recuperación completa ni permite anticipar cuándo podrá recibir el alta.
Mientras tanto, la investigación debe establecer cómo se produjo el impacto y qué circunstancias intervinieron en el choque. El conductor del Volkswagen Bora, de 37 años, fue sometido a un test de alcoholemia que dio resultado negativo. Ese dato forma parte de las actuaciones, pero no determina por sí solo las responsabilidades: la reconstrucción del siniestro y las pericias deben aportar elementos para esclarecer la mecánica de la colisión.