El Penal de Cipolletti quedó envuelto en un enorme escándalo. Durante dos días la Justicia Federal desembarcó en el edificio del Servicio Penitenciario Provincial para ponerle fin a un circuito clandestino de drogas, psicofármacos, tecnología y artículos de alto valor que funcionaba puertas adentro y que funcionaba en el área de enfermería. Allí aparece señalado un interno considerado de confianza, que habría aprovechado su libertad de movimiento para almacenar sustancias y comercializar distintos elementos entre los pabellones.
El operativo se desarrolló durante lunes y martes y mantuvo en máxima tensión a toda la unidad penitenciaria. Bajo un fuerte hermetismo, el fiscal federal interino Matías Zanona y el auxiliar fiscal Facundo Lencinas encabezaron las requisas junto a efectivos de la Policía de Río Negro. Lo que encontraron superó incluso las sospechas iniciales.
Los investigadores descubrieron varios frascos con marihuana y dosis de cocaína. Pero eso no fue todo. También secuestraron 174 cartones de cigarrillos, celulares de alta gama, chips telefónicos, una llamativa cantidad de pastillas de distintos tipos, sobre todo psicofarmacos.
Además, aparecieron zapatillas nuevas, ropa deportiva sin uso y prendas todavía con etiquetas. Para los investigadores, el hallazgo refuerza la hipótesis de que dentro del penal funcionaba un verdadero mercado negro donde los productos ingresaban para luego ser revendidos a elevados precios entre los internos.
Sin embargo, lo que más preocupa a la Justicia es que el epicentro del mercado negro funcionaba en la enfermería. De acuerdo a las primeras reconstrucciones, ese espacio no solo era utilizado para cuestiones sanitarias, sino también como un punto estratégico para ocultar mercadería y mover distintos elementos sin despertar sospechas.
En ese contexto, todas las miradas apuntan a un preso con funciones consideradas “de confianza”, que trabajaba en esa área y que habría sido clave para el funcionamiento del circuito ilegal. Los investigadores creen que el interno tenía acceso privilegiado a sectores restringidos y que utilizaba esa ventaja para acopiar sustancias y artículos que después terminaban distribuidos dentro de la cárcel.
Incluso, durante las requisas aparecieron elementos escondidos en entretechos y lugares de difícil acceso, lo que dejó al descubierto un mecanismo de ocultamiento mucho más sofisticado de lo esperado.
Por otra parte, la causa también avanzó en la utilización de tarjetas de crédito truchas para comprar celulares, indumentaria y distintos productos fuera del penal. Luego, esos artículos ingresaban a la unidad penitenciaria y eran revendidos dentro de los pabellones, generando un circuito de dinero difícil de rastrear.
Mientras tanto, dentro del Penal de Cipolletti el clima es de extrema tensión. Hasta el momento no se anunciaron imputaciones ni detenciones, el expediente está a cargo de la Justicia Federal que debe analizar una enorme cantidad de pruebas secuestradas durante el procedimiento.
Ahora, los investigadores intentan determinar si el esquema era manejado únicamente por internos o si existieron otros actores involucrados con un poder importante dentro de los rangos de autoridades dentro del Servicio Penitenciario.