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Martes 07 de Abril, Neuquén, Argentina
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Llevaba a su compañera al trabajo, chocaron por el hielo y la Justicia la encontró responsable

Choque en una calle congelada de Bariloche dejó a una mujer con graves secuelas y abrió una batalla judicial: aunque el hielo fue clave en el accidente, la Justicia responsabilizó a la conductora y ordenó indemnizar a la acompañante.

Martes, 07 de abril de 2026 a las 16:50
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Iban juntas a trabajar, como todos los días, pero el viaje terminó en desastre.  El auto que manejaba su compañera, patinó sobre hielo en una avenida de Bariloche, chocó contra el cerco de una casa y dejó a la acompañante con una grave lesión en la rodilla. Ahora, la Justicia determinó que la conductora deberá responder por los daños, pese a las condiciones extremas del camino.

El hecho ocurrió en una de las principales calles rumbo al cerro Catedral, en un contexto típico de invierno barilochense, donde el hielo se convierte en una trampa silenciosa. Sin embargo, lo que parecía un accidente inevitable terminó en los tribunales. El vehículo perdió estabilidad, se fue de control y terminó impactando contra una vivienda, sin que intervinieran otros autos.

Como consecuencia del violento golpe, la mujer que viajaba en el asiento delantero se llevó la peor parte. La lesión no fue menor: sufrió una fractura en la rodilla que requirió cirugía y un largo proceso de rehabilitación. Pero eso no fue todo. Con el paso del tiempo, las secuelas no solo quedaron en lo físico. También aparecieron complicaciones psicológicas que obligaron a tratamientos sostenidos, marcando un antes y un después en su vida.

En ese contexto, y frente a una recuperación incompleta, la víctima decidió avanzar con una demanda civil. El reclamo incluyó todo: desde la incapacidad permanente hasta los gastos médicos, pasando por el impacto emocional y el deterioro en su calidad de vida. La situación, lejos de cerrarse con el accidente, recién empezaba a escalar.

Por su parte, la conductora intentó defenderse. Argumentó que el hecho fue producto de una condición excepcional del camino y deslizó que la acompañante podría haber tenido alguna responsabilidad. Sin embargo, esas hipótesis no lograron sostenerse. Tampoco la aseguradora, que si bien reconoció la cobertura, cuestionó los montos reclamados sin éxito.

A medida que avanzó el expediente, el eje del caso se centró en un punto clave: la responsabilidad por el uso del vehículo. Y ahí, la balanza se inclinó con fuerza. La existencia del accidente y la presencia de la víctima dentro del auto nunca estuvieron en discusión. Lo que debía probar la defensa era alguna causa que rompiera ese vínculo. No lo logró.

Además, los testimonios no aportaron claridad sobre el momento exacto del choque y no se pudo acreditar ninguna conducta de la pasajera que influyera en el desenlace. Tampoco se comprobó la existencia de factores externos suficientes para desligar a la conductora. En otras palabras, el hielo no alcanzó como excusa.

Con ese escenario, la Justicia encuadró el caso en la llamada responsabilidad objetiva. Es decir, quien conduce un vehículo debe responder por los daños que cause, salvo que demuestre una excepción clara. Y acá no la hubo.

Finalmente, las pericias médicas y psicológicas terminaron de sellar la suerte del caso. Los informes fueron contundentes: la mujer quedó con una incapacidad permanente que afecta su vida diaria y laboral. Ese dato fue determinante para fijar la indemnización.

El fallo hizo lugar a la mayor parte del reclamo y ordenó compensar a la víctima. Sin embargo, la historia aún no está cerrada: la sentencia es de primera instancia y puede ser apelada. Mientras tanto, el mensaje es claro y contundente: ni siquiera el hielo en la calzada alcanza para esquivar la responsabilidad al volante.

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