Una violación terminó sin juicio y con un castigo económico. La joven víctima desistió de continuar la causa y la Fiscalía cerró el expediente con un pago de dinero que permitió la absolución de la parejita de acusados. Pidieron disculpas, pagaron y quedaron sin antecedentes.
La decisión, avalada por la jueza María Agustina Bagniole, se apoyó en la voluntad de la joven de no exponerse más y en la juventud de los imputados, quienes ofrecieron disculpas y dinero simbólico para “reparar” el daño.
El hecho ocurrió en junio de 2024, en una vivienda del barrio Villarino, un joven y una chica de poco más de 20 años invitaron a una compañera del colegio a tener relaciones sexuales. Ante la negativa, la forzaron. El varón la accedió carnalmente mientras la otra la manoseaba.
La víctima denunció en fiscalía y la investigación avanzaba hacia juicio, pero todo cambió cuando la víctima, tras un tratamiento psicológico deficiente por falta de medios económicos para pagarle al profesional, decidió no continuar el proceso.
A partir de allí, la Fiscalía se encontró con un dilema: sin su testimonio, las pruebas clave quedaban truncas. La joven se presentó junto a su madre y reafirmó que quería enfocarse en sus estudios en otra provincia, lejos de la exposición pública a la que fue sometida. En ese contexto, aceptó un criterio de oportunidad con reparación económica simbólica, que le permitiría sostener un tratamiento psicológico más estable.
Los imputados, acompañados de sus padres, ofrecieron disculpas y aceptaron el acuerdo. Dijeron que lo ocurrido había sido "interpretado de manera diferente", una frase que buscó suavizar la acusación pero que no borró la crudeza de los hechos. La Fiscalía valoró su “respeto” hacia la víctima durante el proceso, la ausencia de antecedentes penales y la falta de planificación del ataque.
Con estos elementos, se resolvió aplicar el criterio de oportunidad. La jueza Bagniole avaló la propuesta y dictó el sobreseimiento, aclarando que el proceso "no afecta el buen nombre y honor" de los imputados. Así, el caso se cerró sin condena, con dinero y disculpas como moneda de cambio.