En poco tiempo más comenzarán a circular colectivos eléctricos en Neuquén, según confirmó recientemente el intendente Mariano Gaido; y el tema, novedoso, tiene un antecedente en esta ciudad, que fue a fines de enero de 1993, cuando el gobierno provincial, el municipal capitalino, y la Asociación de Comercio Exterior de Rusia, firmaron un acta de intención para instalar una línea de trolebuses.
Hace 33 años, los trolebuses eran la respuesta “eléctrica” al problema de la contaminación, y también del alto costo, de los transportes públicos de pasajeros en una ciudad. Máquinas que podían circular sin vías, pero sujetas a cables aéreos, mediante un sistema de pértigas.
“Esto llena de aspiración para Neuquén, porque dentro de los compromisos de la plataforma política de este gobierno, existen dos temas muy importantes: la preservación del medio ambiente y el transporte”, declaró el 28 de enero de 1993, Derlis Kloostermann, quien entonces era intendente de la capital neuquina, al término del acto con los rusos.
Del acto de la firma del acta de intención, participaron también el vicegobernador Felipe Rodolfo “Pipe” Sapag; el secretario general de la Gobernación, Rodolfo Lafitte, el ministro de la Producción, Elías Alberto “Gringo” Sapag, y los representantes de la empresa rusa Technoexport, Sergei Doubenkov y Alexandro Rubanenko.
Poco después, el 23 de marzo, se supo del interés para explotar el servicio de trolebuses en Neuquén, en al menos una línea, de la cooperativa CALF. Fue el prosecretario de la entidad en ese entonces, Carlos Di Camilo, quien sostuvo que la cooperativa “está en condiciones de realizar la obra de infraestructura de los trolebuses”.
Obviamente, nada pasó. Todo quedó en un proyecto y en las intenciones de ese año. El transporte público en Neuquén fue superando distintas instancias, pasando por contratos con INDALO, con Autobuses Santa Fe, hasta llegar a la actualidad, con el COLE, que ahora contará, al fin, con unidades eléctricas.