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Así lucha Neuquén contra el microtráfico: las tres quemas de droga que marcaron un cambio

La decisión política de desfederalizar los delitos y el trabajo conjunto entre Provincia, Fiscalía, Policía, municipios y vecinos son las claves de una estrategia que apunta al último eslabón de la cadena narco.

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Cocaína, marihuana y plantas de cannabis: la droga secuestrada en investigaciones por microtráfico antes de terminar en los hornos del Cementerio Central.

El fuego no empezó en el Cementerio Central de Neuquén. Allí terminó. Tres veces, desde mayo de 2025, los hornos pirolíticos del cementerio capitalino se encendieron para destruir marihuana, cocaína y plantas de cannabis que habían sido secuestradas en investigaciones por microtráfico. Pero detrás de cada una de esas incineraciones hubo algo más que droga acumulada en depósitos judiciales. Hubo una decisión política.

Neuquén decidió hacerse cargo de la investigación de un delito que hasta entonces estaba en manos de la Justicia Federal: el narcomenudeo, ese último eslabón de la cadena que tiene contacto directo con los barrios, con los consumidores y con las familias.

El 28 de febrero de 2025 entró en vigencia la Ley 3488 y la provincia comenzó formalmente a investigar los delitos vinculados con la comercialización minorista de drogas.

Desde entonces, la estrategia sumó allanamientos, detenciones, condenas y secuestros de estupefacientes. También comenzó a construirse una red de trabajo entre el Gobierno provincial, el Ministerio Público Fiscal, la Policía, los municipios y, como remarcan una y otra vez las autoridades, los vecinos que aportan información mediante denuncias anónimas.

Fiscalía, Gobierno provincial, Policía, Justicia y municipio comenzaron a articular una estrategia conjunta contra el microtráfico.

La cronología de las tres quemas permite seguir, casi como una fotografía del crecimiento de esa política, la dimensión que fue tomando la lucha contra el microtráfico en Neuquén.

De los primeros cuatro kilos de marihuana y 120 gramos de cocaína destruidos en mayo de 2025, se pasó, poco más de un año después, a una incineración valuada en más de $2.000 millones.

En el camino quedaron números que muestran la magnitud de la ofensiva: más de 410 allanamientos, más de 140 personas condenadas y alrededor de $4.000 millones en droga retirada del mercado clandestino.

 

Primera quema: “Estamos demostrando resultados”

La primera incineración se realizó el 20 de mayo de 2025. El escenario fue el Cementerio Central de Neuquén y la cantidad de droga destruida todavía era relativamente reducida en comparación con las que vendrían después: 140 plantas de marihuana, cuatro kilos de cannabis y 120 gramos de cocaína.

Pero el volumen no era lo más importante. La quema tenía un fuerte valor simbólico. Era una de las primeras demostraciones concretas de la nueva política provincial contra el microtráfico.

En el acto participaron el fiscal general José Gerez, el ministro de Seguridad Matías Nicolini, el intendente Mariano Gaido, la entonces ministra Julieta Corroza y la vocal del Tribunal Superior de Justicia Soledad Gennari, entre otras autoridades.

Pocos días antes, Gerez, Gaido y Nicolini habían firmado el convenio que permitió utilizar los hornos pirolíticos del cementerio para destruir la droga secuestrada en las investigaciones.

La primera incineración reunió a las instituciones que comenzaron a trabajar en conjunto tras el traspaso de la competencia sobre el narcomenudeo.

El fiscal general puso entonces el foco en la decisión de avanzar sobre el narcomenudeo. “Estamos demostrando resultados”, remarcó Gerez al señalar que la lucha contra el tráfico de drogas no podía quedar solamente en una voluntad política.

La idea que comenzaba a tomar forma era la de un trabajo conjunto. Los tres poderes del Estado, el Gobierno provincial, los municipios y las instituciones vinculadas con la Justicia y la seguridad debían intervenir en una problemática que hasta entonces tenía una respuesta diferente.

Nicolini resumió el sentido de aquella primera quema con una frase directa: esa droga “no vuelve más a estar circulando” y deja de representar un peligro para la sociedad.

Gaido, por su parte, confirmó el acompañamiento del municipio, no sólo con la disponibilidad del horno crematorio sino también con recursos destinados a fortalecer la capacidad de investigación.

Aquella primera incineración fue, en definitiva, el punto de partida visible de una nueva etapa.

 

Segunda quema: la droga incautada ya valía $500 millones

Cinco meses después, el 13 de octubre de 2025, el volumen había crecido de manera considerable. La segunda quema volvió a realizarse en el Cementerio Central de Neuquén y reunió al gobernador Rolando Figueroa, al fiscal general José Gerez, al intendente Mariano Gaido y al ministro Matías Nicolini.

Esta vez fueron destruidos más de 30 kilos de drogas y plantas de cannabis, con un valor estimado en unos $500 millones. La incineración comprendió alrededor de 12 kilos de cocaína, 20 kilos de marihuana y 200 plantas de cannabis sativa.

Antes del fuego hubo una denuncia, una investigación, un allanamiento y un secuestro. La incineración es el último paso de una larga cadena contra el microtráfico.

Toda esa droga había sido secuestrada en distintos puntos de la provincia durante investigaciones desarrolladas por el Ministerio Público Fiscal y la Policía neuquina.

Para entonces, el discurso ya no hablaba solamente de una decisión inicial. Los números comenzaban a acompañar la estrategia. Gerez sostuvo que Neuquén estaba obteniendo “resultados excepcionales” y que la provincia comenzaba a ubicarse a la vanguardia de la lucha contra el microtráfico.

Figueroa habló de una política integral y puso el acento en la participación de todos los sectores: el Poder Ejecutivo, los intendentes, la Policía, la Justicia, los legisladores y los actores sociales.

Nicolini, a su vez, destacó que las investigaciones habían permitido desactivar organizaciones criminales y remarcó que el combate al microtráfico también podía tener impacto en otros delitos vinculados con esas estructuras.

La segunda quema mostró que la maquinaria ya estaba en funcionamiento. Los hornos del Cementerio Central volvieron a encenderse.

 

Tercera quema: el salto a los $2.000 millones

Este viernes 21 de agosto de 2026 llegó la tercera incineración. Los números volvieron a crecer.

En los hornos pirolíticos del Cementerio Central fueron destruidos más de 115 kilos entre sustancias estupefacientes y plantas de cannabis, con un valor estimado superior a los $2.000 millones.

La incineración incluyó 12 kilos de cocaína, 25 kilos de marihuana y alrededor de 78 kilos de plantas de cannabis que, según se informó, tenían como destino final el mercado ilegal.

Para entonces, la política de desfederalización lleva un año y medio de aplicación.

El gobernador volvió a poner el acento en la decisión política que permitió que la provincia asumiera la competencia sobre el narcomenudeo. “Neuquén le dice no a las drogas”, afirmó Figueroa.

Pero esta vez también hubo números que permiten medir el alcance de la estrategia: más de 410 allanamientos y más de 140 personas condenadas desde la entrada en vigencia de la normativa.

Rolando Figueroa durante la incineraciòn de droga realizada este viernes 21 de agosto.

El gobernador destacó además el papel de los vecinos y de las denuncias anónimas, que se convirtieron en una herramienta central para orientar investigaciones y operativos. Nicolini coincidió en ese punto. Buena parte de los allanamientos y de las investigaciones, explicó, se nutren de los datos que aportan los ciudadanos. Gerez aportó otro número para entender la dimensión de las tres incineraciones.

Con la tercera quema, según informó, ya se habían destruido aproximadamente 25 kilos de cocaína, 43 kilos de marihuana y más de 580 plantas de cannabis. El valor total de la droga retirada del mercado clandestino rondaba los $4.000 millones.

 

De la decisión política a los resultados

La cronología permite observar una secuencia. Primero fue la decisión de asumir la competencia sobre el microtráfico. Después, la construcción de una estructura de trabajo entre el Ministerio Público Fiscal, la Policía y el Gobierno provincial. Luego se sumaron los municipios.

Neuquén capital aportó los hornos pirolíticos para concretar las incineraciones y acompañó distintas acciones destinadas a fortalecer las investigaciones. La intención, desde el inicio, fue extender ese esquema a otras localidades que contaran con infraestructura para colaborar en la destrucción de las sustancias secuestradas.

También se incorporó un componente que las autoridades consideran fundamental: la participación ciudadana. Las denuncias anónimas, a través de los canales habilitados por el Ministerio Público Fiscal y de herramientas como la aplicación Neuquén Te Cuida, se convirtieron en una fuente de información para iniciar o profundizar investigaciones. El objetivo es llegar a los puntos de venta, a quienes comercializan en los barrios, a ese último eslabón de una cadena mucho más extensa, pero que es el que tiene contacto directo con la vida cotidiana de las ciudades.

La desfederalización permitió que esos delitos fueran investigados desde Neuquén y que la respuesta judicial y policial estuviera más cerca del territorio donde se producen.

Uno de los derribos de propiedades usadas para vender droga en Neuquén.La droga que no vuelve a las calles

Las tres incineraciones tienen una imagen en común: el fuego. Pero detrás de esa imagen hay un proceso más amplio. La droga que llega al Cementerio Central no apareció allí por casualidad. Antes hubo una denuncia, una investigación, una vigilancia, un allanamiento, un secuestro y una causa judicial.

Por eso las quemas funcionan también como una especie de balance. Muestran lo que se secuestró, pero también el recorrido de una política que comenzó con la decisión de Neuquén de hacerse cargo de la lucha contra el microtráfico.

El desafío sigue siendo enorme. El narcotráfico es una estructura dinámica y el narcomenudeo se adapta, cambia de lugares, de métodos y de protagonistas. Pero desde febrero de 2025, Neuquén eligió intervenir de otra manera.

La primera quema fue una señal, la segunda confirmó que el trabajo continuaba y la tercera dejó una cifra difícil de ignorar: más de $2.000 millones en droga destruida en una sola jornada.

El fuego del Cementerio Central se apagó tres veces. La estrategia de la lucha contra el narcotráfico, en cambio, sigue encendida.

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