Una montaña de botellas, bolsas, barro, piedras y residuos acumulados bajo tierra obligó a desplegar un operativo especial en uno de los pluviales más complejos de la ciudad de Neuquén. Las tareas se concentran sobre calle Olascoaga, entre Lanín y Ceferino Namuncurá, donde el sistema apareció nuevamente colapsado a pesar de que meses atrás ya había sido intervenido.
El problema no está a simple vista. Debajo de ese sector atraviesan cuatro grandes conductos subterráneos ubicados a unos cuatro metros de profundidad. El agua de lluvia debería circular por allí sin inconvenientes, pero la acumulación de basura generó un tapón que pone en riesgo el escurrimiento y podría provocar anegamientos cuando llegan tormentas intensas.
Botellas, plásticos y residuos tirados en la calle
Desde la subsecretaría de Limpieza Urbana explicaron que gran parte de los residuos llegan al pluvial desde distintos puntos de la ciudad. Botellas arrojadas desde vehículos, bolsas mal sujetadas en camionetas y basura descartada en la vía pública terminan siendo arrastradas por el agua hasta quedar atrapadas dentro del sistema.
“Todo ese material termina ingresando al sistema pluvial y genera tapones muy importantes”, explicó el subsecretario Cristian Haspert.
La situación obligó a trabajar con equipos vactor para aspirar barro y sedimentos, además de maquinaria especial para liberar los conductos subterráneos. También intervienen las áreas de Canales y Pluviales con personal rotativo durante toda la jornada.
Un trabajo bajo tierra para evitar complicaciones mayores
El operativo tiene un objetivo urgente: impedir que el agua quede atrapada cuando se registren lluvias fuertes. Según explicaron desde el municipio, las obstrucciones dificultan el drenaje hacia el canal Villa María y terminan generando complicaciones en distintos sectores de Neuquén.
Haspert advirtió que hacía mucho tiempo no observaban una acumulación de botellas de semejante magnitud dentro de un pluvial. Además, recordó que la geografía de la ciudad acelera el arrastre de basura desde la meseta hacia el río Limay cada vez que llueve.
“Podemos construir kilómetros de nuevos pluviales, pero si no cambiamos la conducta respecto a la disposición de residuos, vamos a seguir teniendo este problema”, sostuvo.
El sistema existe, pero la basura vuelve a colapsarlo
Desde el municipio recordaron que en los últimos años se ejecutaron más de 300 kilómetros de pluviales, junto con nuevas bocas de tormenta, sumideros y sistemas de bombeo para mejorar el drenaje de la ciudad.
Además, señalaron que Neuquén cuenta con recolección de residuos seis veces por semana, centros de transferencia, operativos puerta a puerta y tareas permanentes de barrido y limpieza nocturna.
Sin embargo, remarcaron que cuando la basura termina en la calle, el problema reaparece debajo de la ciudad, en lugares donde muchas veces el vecino no lo ve hasta que llega la tormenta y el agua ya no tiene por dónde salir.