En los últimos días, se instaló un debate político acerca de si hay o no hay “derrame” económico en Neuquén, y en menor medida en Río Negro, desde la creciente producción y proyectada exportación a gran escala de Vaca Muerta; el tema provoca diversos enfoques, y, cada vez más, alineación de esas miradas distintas con alguna propuesta electoral a favor o en contra de los actuales oficialismos.
Se requiere una mirada muy objetiva y muy amplia, para medir el impacto económico de la producción intensiva de hidrocarburos, pues la economía también se mide o se califica desde lo estrictamente social, y se intenta profundizar, muchas veces sin éxito, en la justicia o injusticia del reparto de esa bonanza productiva.
Hay infinidad de datos y de consideraciones, pero hay una obviedad muy grande y apreciable a simple vista para cualquier neófito en las materias duras del conocimiento: es lo que se denomina en la jerga económica el “boom vertical”, que tiene que ver con el fenómeno histórico de expansión de la construcción y el desarrollo inmobiliario, especialmente en dos ciudades del Alto Valle: Neuquén, la más grande, y Cipolletti, su “asociada” o “complementaria” en estos negocios.
El “boom vertical”, esto nadie lo discute, es traccionado principalmente por el impacto económico y demográfico de Vaca Muerta; y se considera que mientras Neuquén avanza hacia una consolidación metropolitana, con récords históricos de edificación, Cipolletti emerge como el gran receptor residencial.
Neuquén ya superó la barrera de los 1.000 edificios consolidados de cuatro o más pisos, y actualmente cuenta con un centenar en ejecución simultánea, con el despliegue (récord) de 21 grúas pluma en su cielo. Este fenómeno se ha extendido a Cipolletti, ciudad que vive su propia fiebre de altura, con 17 edificios residenciales levantándose en simultáneo, en distintas zonas céntricas y periféricas.
De acuerdo con los informes, durante el primer semestre se registraron más de 171 mil metros cuadrados de construcción privada en la capital neuquina, lo que representa un incremento cercano al 20% interanual; y con una estimación que proyecta, de aquí a fin de año, superar ampliamente los 400 mil metros cuadrados.
Respecto de la repercusión social, hay que medirla fatalmente en el mercado laboral, donde, según datos del IERIC, el empleo creció 17%, posicionando a Neuquén, y parte de Río Negro, a la vanguardia de la reactivación laboral de la construcción.
Además, el Estado también hace lo suyo, como es el caso, actualmente, de la construcción de 249 viviendas en el sector de la Meseta capitalina, con una inversión de 24.000 millones de pesos, en el contexto de planes del programa Neuquén Habita.
El “boom vertical”, pues, no solo se ve a simple vista, sino que es también corroborado por índices estadísticos; y es Perogrullo la afirmación de que esto no sería posible sin Vaca Muerta: el “derrame”, pues, está acreditado, y, la verdad, no da para mayores discusiones.