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Del descarte a la sidra premium: el INTA quiere cambiar para siempre el negocio de la manzana patagónica

Mientras la fruticultura regional atraviesa una de sus peores crisis, un grupo de investigadores del INTA Alto Valle impulsa una transformación inesperada: crear una sidra patagónica de alta gama a partir de variedades especiales de manzana conservadas en un banco genético único en el país.

Jueves, 14 de mayo de 2026 a las 18:26
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En Villa Regina, científicos trabajan con cientos de variedades de manzanas para desarrollar sidras con identidad propia y perfil premium.

En medio de la crisis que golpea a la fruticultura regional, el INTA Alto Valle empezó a mover una pieza que podría cambiar para siempre el destino de la manzana patagónica. Desde Villa Regina, investigadores trabajan en un proyecto que busca transformar la histórica lógica del descarte y convertir a la sidra en un producto premium, elaborado con variedades especiales conservadas en un banco genético único en Argentina.

La iniciativa se desarrolla en el Banco de Germoplasma de la Estación Experimental Agropecuaria Alto Valle, donde se preservan cerca de 300 variedades de manzanas y más de 120 de peras traídas de distintas partes del mundo. Allí comenzaron a identificar frutas con características ideales para elaborar sidras de calidad superior, muy diferentes a las industriales tradicionales que durante décadas dominaron el mercado.

Durante años, la sidra fue vista casi como el destino inevitable de la fruta que no servía para exportación o consumo fresco. Manzanas golpeadas, pequeñas o excedentes terminaban en las fábricas. Pero ahora la apuesta es completamente distinta: producir bebidas desde el origen con variedades seleccionadas especialmente por sus aromas, acidez y contenido de polifenoles, compuestos que aportan estructura y complejidad similares a las del vino.

La genetista Fabiana Eckers, una de las impulsoras del trabajo, explicó al medio Agrovalle, que buscan perfiles más sofisticados, con sabores herbáceos, florales y amargos que prácticamente no existen en las variedades comerciales tradicionales. La idea es romper con la imagen de la sidra como bebida exclusiva de las fiestas y posicionarla como una opción gastronómica durante todo el año.

El proyecto también abre una nueva esperanza económica para una región golpeada por años de caída productiva, bajos precios y pérdida de competitividad. El INTA ya avanzó en la evaluación de distintas variedades con potencial sidrero e incluso inició trámites de inscripción ante el INASE para que productores puedan comenzar futuras plantaciones específicas para este nuevo mercado.

En paralelo, empieza a crecer una nueva generación de elaboradores artesanales en el Alto Valle que apuesta por sidras premium con identidad patagónica. La lógica ya no pasa solo por industrializar fruta sobrante: ahora aparecen conceptos como blends, perfiles aromáticos, terroir y bebidas diferenciadas capaces de competir en segmentos gourmet y turísticos.

 

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