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Miércoles 01 de Abril, Neuquén, Argentina
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El día en que por 200 pesos destruyeron la Casa de Gobierno en Neuquén

En octubre de 1995, una manifestación de desocupados se metió en la Casa de Gobierno y destruyó todo lo que encontró a su paso.

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El 2 de octubre de 1995 quedó marcado en la historia política de la violencia en Neuquén por un hecho tremendo: unos 400 militantes, liderados por dirigentes de izquierda, violentaron las puertas de la Casa de Gobierno, ingresaron y tomaron la sede del gobierno provincial, en la histórica “casa de los torreones” ubicada frente a la plaza Roca, en la capital neuquina.

La toma no duró mucho tiempo, pero fue muy violenta. La policía desalojó a los manifestantes, que antes rompieron todo lo que pudieron. A la salida, incendiaron y quemaron dos automóviles que estaban estacionados en las inmediaciones. Un juez, Roberto Abelleira, actuó de oficio y ordenó la detención de los cabecillas del hecho, provocado por una falta de acuerdo en el tema subsidios a la desocupación. Gobernaba, en sus últimos meses de gestión, Jorge Sobisch. El ministro de Gobierno era Jorge Sapag.

La investigación judicial que promovió el juez Abelleira identificó como responsables de los disturbios a notorios dirigentes izquierdistas de aquella época: Horacio Panario, quien era candidato por el Movimiento Socialista de los Trabajadores, Alcides Christiansen, del Frente de Izquierda, Héctor Etchebaster, y otros. Todos habían estado reunidos con los ministros de Gobierno, Jorge Sapag, y de Salud, Jorge Lara, representando a la llamada “Coordinadora de Desocupados”, en dependencias de la misma residencia de gobierno, que para ese momento ya había sido invadida.

La violencia desatada

Poco después de las 10, un grupo de manifestantes ingresó a la fuerza por la ochava de las calles Roca y La Rioja. Había solo seis efectivos policiales apostados, como seguridad, en ese ingreso. Después de ocupar oficinas y patios internos, una creciente masa de violentos llegó al “Salón de los Acuerdos”. La oficina del gobernador estaba, entonces, adyacente a ese lugar. Por lo golpes, estallaron los vidrios de la sala de espera de la Secretaría General.

El reclamo sobre el que no se pudieron de acuerdo fue el de pagar, de manera indiscriminada, 200 pesos de subsidio a todos y cada uno de los desocupados que se registraban en la provincia. Se habló también entonces de poner en marcha unas 50 obras públicas para generar rápidamente fuentes de trabajo para el mismo sector que protestaba. El plazo que puso “La Coordinadora” era para ese mismo día, a las 13. Sapag y Lara dijeron que no se podía acceder a tales demandas. Los manifestantes, mientras rompían lo que estaba al alcance, gritaban que seguirían destruyendo todo si no accedían.

La situación derivó en un enfrentamiento absolutamente inédito dentro de la Casa de Gobierno. Había ingresado una gran cantidad de policías: los efectivos lanzaron gases lacrimógenos dentro de las oficinas, en los pasillos y los patios. Los manifestantes comenzaron a huir. La mayoría salió por la misma ochava, de la entrada principal, por la que había entrado. Otros, directamente salieron por las ventanas, que, a esa altura, ya tenían los vidrios rotos.

Fuego en la calle

Fue un desastre. Cinco autos fueron volcados. A otros les rompieron los vidrios. Dos fueron incendiados. Por las ventanas que habían sido violentadas, se tiraron documentos, carpetas, y fueron a parar al fuego en la calle. Una lluvia de piedras comenzó a caer sobre las dependencias oficiales, mientras la policía intentaba asegurar el lugar y erradicar de allí a los manifestantes que quedaban. Las gruesas puertas de cedro que dividían el Salón de Acuerdos de la calle, fueron astilladas y rotas, a palos y piedras. La escena fue tremenda, con el humo de los incendios, los gases lacrimógenos, la gente corriendo, los estampidos, y la sensación de que ya nada sería igual.

Sin embargo, poco cambió en la realidad neuquina de esa década. El gobierno de Sobisch terminó, y asumió Felipe Sapag la gobernación, por quinta vez en la historia. La potencia de lo sucedido en Casa de Gobierno se fue licuando por el paso de los meses. Los dirigentes que habían sido procesados y detenidos, fueron liberados. Ninguno pagó culpa penal por lo sucedido, tras el juicio.

Otros hechos violentos sobrevendrían. El tema de la relación entre el Estado y el desempleo siguió martillando sobre la realidad nacional y provincial. Una red casi infinita de esquemas de subsidios y paliativos se fue armando. Todo eso derivó en la corrupción, que fue ventilada recientemente, en la causa por el manejo de los planes sociales.

Tres décadas después, no hubo vencedores ni vencidos, sino una situación en la que quedaron todos enredados, como dijo Discépolo en su tango Cambalache, y “en el mismo lodo, todos manoseaos”.

 

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