Hace 27 años, Horacio “Pechi” Quiroga se aprestaba para competir en las elecciones. Iba de candidato por la Alianza, que lideró en el país Fernando de la Rúa. Era enero de 1999, el calor abrasaba Neuquén, y el polvo se levantaba ante cualquier intensidad que tuviera el viento en la capital de la provincia. Quiroga quería ser intendente, en una ciudad que no había conocido más que al MPN en el poder local.
El periodista lo miraba, y veía a un tipo relajado… en shorts de baño, con remera, distendido, dueño de una risa fácil y una palabra rápida. Se hizo la inevitable pregunta, acerca del tema al que se le daría prioridad, en caso de resultar electo. Quiroga no vaciló: “La prioridad es el tema asfalto. Neuquén, que pretende ser la capital de la Patagonia, no puede ser que no tenga asfalto, a meses de entrar en el próximo milenio”, respondió.
Era una realidad, entonces. Ciertamente, había pocas cuadras asfaltadas del total, en una ciudad que se había extendido mucho ya hacia el oeste. Los camiones regadores no alcanzaban para frenar la tierra volando por el aire de los neuquinos, y, la mayoría de los días, la límpida atmósfera de Neuquén quedaba tapada por la tierra levantada por un tránsito en crecimiento.
“Implementaremos un plan a través de la afectación de partidas específicas, con el recurso de la tasa por patentes de rodados. Es un recurso fabuloso que tiene el presupuesto de Neuquén, con 12, o 13 millones de pesos”, sentenció el entonces candidato.
La ciudad, en ese momento, era gobernada por Luis “Chito” Jalil, y, rápido, el periodista preguntó cuánto, de ese presupuesto, de esa tasa, se había destinado para pavimentar calles. “Tan solo 80 mil pesos se destinaron para obras de asfaltado; el resto lo hizo el vecino con el sistema de contratación directa a empresas”, dijo “Pechi”.
Unos meses después, Quiroga ganó las elecciones en la capital neuquina. Fue la sorpresa de unos comicios que, a nivel provincial, volvió a ganar el MPN, encumbrando en la gobernación, por segunda vez, a Jorge Sobisch.
De a poco, la promesa se fue haciendo realidad: cuadra tras cuadra, avanzó el asfalto sobre la liviana tierra de las calles capitalinas. Fue, de hecho, realmente prioridad. Neuquén comenzó a cambiar el rostro, y hubo mucho menos polvo en el aire de su límpida atmósfera.
Pasaron 27 años, y hoy, el gobierno de otro intendente, Mariano Gaido, quien cuando asumió aseguró que no solo seguiría el ejemplo de Quiroga con la obra pública, sino que lo superaría, está haciendo llegar el asfalto a los nuevos lugares de la ciudad, y a aquellos que habían quedado postergados. La velocidad y magnitud de las obras en la ciudad, sobresalen, en un contexto nacional de escaso movimiento en ese, uno de los sentidos más perceptibles del progreso.
Pero todo comenzó desde aquel verano, con un candidato en shorts de baño, sentado a una silla de su casa, imaginando, como suelen hacer los políticos de verdad, el futuro.