El doctor Esteban Bonorino, pionero en la atención y prevención de consumos problemáticos en Neuquén y creador del servicio de Adicciones del Hospital Castro Rendón, trazó un diagnóstico contundente sobre la situación actual: el problema creció, la sociedad empezó a entenderlo un poco más, pero las respuestas siguen siendo insuficientes y desarticuladas.
En diálogo con Pancho Casado en el programa Espacio para Todos de 24/7 Canal de Noticias, el especialista repasó más de tres décadas de experiencia y dejó definiciones fuertes sobre el consumo, el rol del Estado y el lugar de las familias.
“En un momento este tema no era ni siquiera entendido. La respuesta era ‘si no quiere consumir, que no consuma’. Hoy el problema es mucho más grande, pero al menos se empieza a comprender”, señaló.
Bonorino marcó una diferencia clave que, según él, sigue sin resolverse: la lucha contra la oferta versus el abordaje de la demanda. “Hay dos áreas muy distintas. Una es perseguir al que produce o vende. La otra es trabajar sobre quien tiene el problema. Yo trabajé en esta última. Y creo que poner el foco solo en el vendedor es peor que antes”, sostuvo.
Para el médico, el consumo no puede abordarse desde una lógica exclusivamente policial o judicial. “Si sigue habiendo gente que quiere consumir y paga por eso, el negocio va a existir. Es así de simple”.
El punto crítico: cuando el paciente no puede frenar
Uno de los momentos más complejos del proceso, explicó, es cuando la persona toma conciencia de su situación. “Cuando el paciente acepta que tiene un problema, muchas veces ya no puede frenar solo. Se siente peor, no cree que pueda salir y entra en un callejón sin salida”, describió.
Y agregó: “La sustancia cambia la mentalidad. No se da cuenta. Cree que el problema es otro. Cuando lo advierte, muchas veces ya es tarde”.
“El adicto no es el problema, la enfermedad lo empuja”. Una de las frases más contundentes de la entrevista fue sobre el estigma social. “El adicto no es un ladrón, ni un mentiroso, ni una mala persona. La droga lo hace robar, mentir y hacer cosas que no debería”, afirmó.
En ese sentido, explicó que muchas conductas delictivas asociadas al consumo deben entenderse como parte de una enfermedad: “Sabe que está mal, tiene conciencia, pero no lo puede evitar. Por eso necesita ayuda profesional”.
“La sustancia cambia la mentalidad. No se da cuenta. Cree que el problema es otro. Cuando lo advierte, muchas veces ya es tarde. El adicto no es el problema, la enfermedad lo empuja”, explicó Bonorino.
El rol clave de la familia: entre el error y la oportunidad
Para Bonorino, la familia es central, pero también uno de los eslabones más frágiles. “La familia no sabe cómo actuar. Va de un extremo al otro: o lo hostiga todo el tiempo o termina facilitando el consumo, incluso comprándole droga para evitar que robe”, advirtió.
Y sumó un ejemplo contundente: “Hay abuelas que de buena fe ayudan a plantar marihuana pensando que así reducen el problema”.
El especialista insistió en que el acompañamiento debe ser guiado: “Se necesita un equipo interdisciplinario que no solo atienda al paciente, sino también a la familia, para que sepa qué hacer en cada momento”.
“La familia no sabe cómo actuar. Va de un extremo al otro: o lo hostiga todo el tiempo o termina facilitando el consumo, incluso comprándole droga para evitar que robe”, advirtió el especialista.
Uno de los ejes más críticos del análisis del especialista fue la falta de formación en todos los niveles. “No hay un plan organizado en escuelas. Tampoco en universidades. Los profesionales se reciben con los mismos prejuicios con los que entraron”, señaló.
Desde su rol en la Cátedra Libre de la Universidad Nacional del Comahue, Bonorino impulsa espacios de formación y contención, especialmente para familiares. “El problema no es solo de salud o de la justicia. Es también de educación. ¿Dónde capacitamos a padres, docentes, deportistas?”, se preguntó.
La marihuana “no es inocua”
El médico también cuestionó la minimización del consumo de cannabis. “Se instaló que es natural y por eso es buena. Pero la morfina y la cocaína también vienen de plantas”, explicó. Y fue más allá: “Es más cancerígena que el tabaco y la gente no lo sabe. Decir que es ‘lo menos’ es un error”.
Bonorino defendió la necesidad de internaciones en casos específicos, en medio del debate por la ley de salud mental. “La gran mayoría no necesita internación, pero hay casos donde es indispensable. Es como terapia intensiva: nadie quiere estar ahí, pero a veces es necesario para salvar la vida”, comparó.
También cuestionó la adaptación local de modelos extranjeros: “Se copiaron sistemas sin el respaldo social necesario. Se externa al paciente, pero la familia no tiene recursos para sostenerlo”.
“La marihuana no es inocua: también es dañina y la gente no lo sabe”, afirmó
“Sin trabajo, la recaída es casi inevitable”
Otro punto clave es la reinserción social. “Después de años de consumo, ¿dónde consigue trabajo una persona? Si no hay un empleo protegido, la recaída es casi la regla”, sostuvo.
Para el especialista, el abordaje debe ser integral: salud, educación, seguridad y empleo.
En base a su experiencia clínica, Bonorino identificó un punto de inflexión en los procesos de recuperación. “Muchos pacientes dicen que el momento clave fue cuando los padres se pusieron de acuerdo y se plantaron firmes”, contó.
Y explicó: “Cuando la familia deja de negociar y pone condiciones claras —tratamiento o no vivir en la casa—, ahí empieza el cambio”.
Un mensaje final: la necesidad de actuar en conjunto
Para cerrar, el médico insistió en que el problema de las adicciones no admite soluciones parciales.
“Si hacemos prevención pero no hay atención, frustramos a la gente. Si atacamos la oferta pero no la demanda, no sirve. Todo tiene que ir junto”, concluyó.
Y dejó una advertencia que resume su mirada: “Cada vez hay más vendedores porque hay más consumidores. Si no entendemos eso, no vamos a resolver el problema”.