Lo que parecía una oportunidad terminó en una historia de abuso. Dos trabajadores rurales viajaron desde otra provincia hasta la zona de El Bolsón con la promesa de estabilidad, vivienda y condiciones dignas. Pero al llegar a la chacra de Costa del Río Azul, en Mallín Ahogado Alto, el escenario fue otro.
Desde diciembre de 2020, según el expediente, realizaron tareas de todo tipo: cosecha, poda, desmalezamiento, mantenimiento y embalaje. El problema no era solo la carga laboral, sino lo que no figuraba en ningún papel: trabajaban completamente en negro, sin registro ni aportes.
Las jornadas eran extenuantes. Arrancaban a las 8 y terminaban cerca de las 20. Doce horas seguidas, con actividad incluso los fines de semana y sin descanso compensatorio. Una rutina que excedía cualquier acuerdo inicial.
El lugar donde vivían tampoco ofrecía alivio. Dentro del mismo predio rural, en condiciones que describieron como inadecuadas, el desgaste físico se combinaba con un malestar que crecía día a día.
Los reclamos no tardaron en aparecer. Denunciaron malos tratos y un episodio que terminó con la intervención de autoridades laborales marcó un antes y un después en la relación con el empleador.
Ante la falta de respuestas, intimaron a regularizar la situación: exigieron registro laboral, pago de diferencias salariales y cumplimiento de las obligaciones legales. También reclamaron la documentación correspondiente.
Pero nada cambió. Sin soluciones, decidieron considerarse despedidos por responsabilidad del empleador y llevaron el caso a la Justicia. El dato que inclinó la balanza: el demandado no se presentó ni contestó la demanda.
El fallo fue contundente. Se reconoció la relación laboral no registrada, las condiciones irregulares y el derecho a indemnizaciones y sanciones. El monto final se definirá más adelante.