Se viene un golpe fuerte en uno de los organismos clave del campo argentino. El INTA puso en marcha un plan de retiros voluntarios que podría dejar afuera a miles de trabajadores, y en el Alto Valle ya se siente el impacto: hay preocupación, incertidumbre y un clima cada vez más tenso.
La medida arranca el 1 de abril y tiene un objetivo claro: achicar la estructura. En números, el recorte podría alcanzar hasta 1500 puestos sobre una planta que hoy supera los 5700 trabajadores en todo el país. La decisión ya está tomada y forma parte de una estrategia más amplia del Gobierno nacional para ajustar organismos públicos.
Pero puertas adentro, la lectura es otra. En las sedes del INTA en el Alto Valle, donde el organismo tiene fuerte presencia territorial, la noticia cayó como un baldazo de agua fría. Equipos técnicos, profesionales y trabajadores administrativos ahora se enfrentan a una decisión difícil: irse o quedarse en medio de un escenario incierto.
El problema no es solo laboral. Y eso lo remarcan con fuerza desde la región. Según advierten, este achique no solo implica menos gente, sino también menos capacidad de trabajo en el territorio. Menos asistencia técnica, menos investigación aplicada y menos acompañamiento a los productores, especialmente en zonas donde el INTA es prácticamente el único respaldo estatal.
Pero además, hay otro punto que genera ruido. Desde el sector gremial sostienen que estos retiros no son tan “voluntarios” como se presentan. En el Alto Valle explican que muchos trabajadores están siendo empujados a aceptar por una situación económica cada vez más complicada.
En ese sentido, remarcan que los salarios vienen golpeados desde hace tiempo y que eso dejó a gran parte del personal en una situación límite. A eso se suma el antecedente reciente de recortes y tensiones internas que ya venían desgastando al organismo.
Mientras tanto, desde Nación sostienen que el objetivo es lograr un INTA más “eficiente”, con una planta cercana a los 4000 trabajadores. Sin embargo, en el territorio la preocupación es concreta: temen que el ajuste termine afectando áreas clave y deje en el camino proyectos, investigaciones y vínculos construidos durante años.