En estos días de fuerte bajante en los ríos, con escaso caudal, se hace difícil imaginar aquellas grandes crecidas, algunas catastróficas, como la gran inundación de 1899, que arrasó el Alto Valle, el Valle Medio, y destruyó Viedma, como consecuencia de lluvias excepcionales registradas en las nacientes cordilleranas de los ríos Limay y Neuquén.
La inundación fue tan importante, y dañosa para los pueblos que recién estaban comenzando, que, aseguran los historiadores, fue el factor determinante para que, desde Nación, se empezara a planificar la construcción de represas que evitaran tales tragedias. Así que, puede decirse, sin temor a equivocaciones, que El Chocón-Cerros Colorados tuvo su germen sembrado antes que terminara el siglo XIX.
El 21 de julio de aquel año de fin de siglo, el agua arrasó Viedma, ya capital del Territorio de Río Negro. Destruyó edificios, y fue necesario trasladar la administración capitalina, que se concretó llevándola a Choele Choel, que también había sido afectado por la crecida, pero que había encontrado refugio en las zonas más altas.
El caudal del Río Negro tuvo un crecimiento brusco, muy rápido, y llegó a elevar el nivel de las aguas hasta cuatro metros. Fue tan súbito todo, que el fenómeno afectó la misión del presidente Julio Argentino Roca, que había viajado a Chelforó para inaugurar el ferrocarril que después llevó su nombre.
La comitiva oficial vio cómo las aguas amenazaban con invadir los terraplenes y las vías. El presidente no pudo descender, para realizar el banquete y los festejos que estaban programados en el pueblo, y la ceremonia formal de inauguración se tuvo que realizar dentro de los mismos vagones del tren.
El convoy quedó varado en Chelforó, sin poder avanzar, así que la comitiva decidió emprender una retirada apresurada hacia Buenos Aires. El banquete se disfrutó, relativamente, entre los invitados que formaban la comitiva oficial, en el viaje de retorno, corridos por el agua que crecía violenta e incesantemente.
Ahora, 127 años después, el río Limay está regulado y controlado por las represas construidas; y el Neuquén, con un poco de buena voluntad, quedará asegurado del todo si se construye una nueva represa de las que están diseñadas y aguardan en los cajones de algún escritorio: queda un recuerdo muy reciente, el de hace 20 años (2006), cuando una crecida máxima puso en peligro de catástrofe toda la cuenca del bravío río que le dio su nombre a la provincia.