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Lunes 23 de Marzo, Neuquén, Argentina
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“Hacer memoria es entender el pasado para defender el presente”

Silvia Barco, integrante de la APDH Neuquén y sobreviviente de la represión, reflexiona sobre la importancia de sostener la memoria, el rol de las nuevas generaciones y la necesidad de defender hoy los derechos humanos frente a discursos de odio y negacionismo.

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Silvia Barco durante la presentación del documental “Subzona 5.2. Un epílogo neuquino de memoria”, una producción que reconstruye el proceso judicial conocido como “La Escuelita” y el recorrido de más de cinco décadas en la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia.

A medio siglo del golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, la memoria sigue siendo un territorio de disputa, construcción y compromiso. En Neuquén, una de las voces que encarna esa lucha es la de Silvia Barco, integrante de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), docente y sobreviviente directa del accionar represivo durante la dictadura.

Su historia personal atraviesa el horror de aquellos años, pero también la reconstrucción democrática y el trabajo sostenido para que el “Nunca Más” sea una realidad concreta y no una consigna vacía.

“Nosotros no olvidamos. Los organismos de derechos humanos tenemos una enorme responsabilidad, un imperativo ético de contribuir a construir memoria para que estos crímenes no queden impunes”, afirmó.

 

El golpe en la vida cotidiana

El 24 de marzo de 1976 no fue un hecho abstracto para Silvia Barco. Lo vivió en carne propia, en su casa, junto a sus hijos pequeños. Ese mismo día, efectivos del Ejército y de la Policía de Río Negro irrumpieron en su vivienda en Cipolletti en busca de su esposo, Norberto Blanco, trabajador municipal y militante sindical.

“Hubo un despliegue muy grande, con camiones y efectivos. Revisaron todo, se llevaron libros. Yo les decía que en esa casa solo había una mujer embarazada, chicos y libros, pero no me contestaban”, recordó. 

Barco cursaba el séptimo mes de embarazo. Sus hijos tenían apenas 3 y 4 años.

El 24 de marzo de 1976 no fue un hecho abstracto para Silvia Barco. Lo vivió en carne propia, en su casa, junto a sus hijos pequeños. Ese mismo día, efectivos del Ejército y de la Policía de Río Negro irrumpieron en su vivienda en Cipolletti en busca de su esposo, Norberto Blanco, trabajador municipal y militante sindical.

Durante días, permaneció prácticamente secuestrada en su propia casa, bajo custodia policial. “Me dejaron detenida con mis chicos. Éramos rehenes. Comíamos gracias a la solidaridad de los vecinos”, relató.

Barco: "“Hacer memoria es entender el pasado para defender el presente”.

El miedo era constante. “Los policías eran groseros, bebían y nos amenazaban”, contó.

En medio de esa situación, sufrió una complicación en su embarazo y pidió asistencia médica. Cuando finalmente fue trasladada, el médico se negó a atenderla: “Yo no atiendo a subversivos”, le dijo.

El terror no terminaba en la violencia directa: también se extendía a la complicidad civil y al aislamiento.

Tras la liberación de su esposo, la familia decidió irse a Buenos Aires. Sin embargo, el miedo persistía. “Me subía a un colectivo y veía en la gente la cara de quien nos había detenido”, recordó. Ese temor, que marcó a toda una generación, es parte de las huellas que dejó el terrorismo de Estado.

Aun así, Barco decidió años después declarar en los juicios de lesa humanidad. “Es un imperativo ético estar acá para contar la verdad. Los recuerdos pesan en la cabeza y en el corazón”, sostuvo ante los tribunales.¡

Hoy, desde la APDH, el trabajo de Silvia Barco está centrado en sostener y transmitir esa memoria, especialmente a las nuevas generaciones. “De lo que se trata es de trabajar con los jóvenes para que esto no se repita nunca más”, explicó.

Memoria como construcción colectiva

Hoy, desde la APDH, su trabajo está centrado en sostener y transmitir esa memoria, especialmente a las nuevas generaciones. “De lo que se trata es de trabajar con los jóvenes para que esto no se repita nunca más”, explicó.

Para Barco, la memoria no es solo recordar, sino comprender. “Hacer memoria es analizar el pasado con datos, con pruebas, con hechos, para poder entender el presente y proyectar el futuro”, definió.

En ese proceso, la educación cumple un rol central. “Tengo mucha esperanza en la escuela. Es un espacio de diálogo donde se puede discutir qué nos pasó, por qué nos pasó y qué tenemos que hacer para que no vuelva a pasar”, afirmó.

Uno de los grandes interrogantes a 50 años del golpe es cómo transmitir esa historia a quienes no la vivieron. Barco reconoce que no es una tarea sencilla, pero insiste en la necesidad de encontrar nuevas herramientas.

El desafío de las nuevas generaciones

Uno de los grandes interrogantes a 50 años del golpe es cómo transmitir esa historia a quienes no la vivieron. Barco reconoce que no es una tarea sencilla, pero insiste en la necesidad de encontrar nuevas herramientas. “Hay que trabajar con recursos que interpelen a los jóvenes, que no son los mismos de antes”, señaló.

En ese sentido, destacó el valor de los juicios por delitos de lesa humanidad, el arte, el cine y los testimonios. “Las películas, los documentales, las canciones, ayudan a sensibilizar. Pero también es clave contar las historias de vida, las biografías de quienes fueron desaparecidos”, sostuvo.

Poner rostro, nombre y contexto a las víctimas permite que los jóvenes se identifiquen y comprendan la dimensión humana del horror.

“Hay discursos de odio que hacen mucho daño. El camino siempre tiene que ser consolidar la democracia. Remarcó que la lucha por los derechos humanos continúa. “Aún no se conoce el número total de víctimas, siguen apareciendo denuncias, continúan los juicios, se sigue buscando a los nietos apropiados. Mientras eso ocurra, los delitos continúan”.

Una memoria activa

Para Barco, la memoria no puede ser pasiva ni quedarse en el pasado. “Se trata de poner la memoria en acto”, afirmó. Y eso implica también una mirada crítica sobre el presente. “Hay discursos de odio que hacen mucho daño. El camino siempre tiene que ser consolidar la democracia”, advirtió.

En ese sentido, remarcó que la lucha por los derechos humanos continúa. “Aún no se conoce el número total de víctimas, siguen apareciendo denuncias, continúan los juicios, se sigue buscando a los nietos apropiados. Mientras eso ocurra, los delitos continúan”, sostuvo.

 

Marchar, recordar y exigir

En este nuevo aniversario, las actividades en Neuquén se extendieron durante todo el mes, con una vigilia y la tradicional marcha del 24 de marzo. “Vamos a marchar con las fotos de nuestros compañeros y compañeras desaparecidos, con la consigna ‘digan dónde están’”, explicó.

Para Barco, esa pregunta sigue vigente. “Mientras sigan desaparecidos, el crimen continúa. Hay un compromiso profundamente humano de seguir preguntando”, afirmó.

Además de las actividades conmemorativas, desde la APDH impulsan iniciativas para fortalecer los espacios de memoria en la provincia.

Entre ellas, la creación del Parque de la Memoria “Noemí Labrune” y la recuperación de “La Escuelita” como sitio histórico.

“Esos espacios son fundamentales para transmitir la historia, para analizarla, para generar cultura y pensamiento crítico, especialmente en los jóvenes”, explicó.

A 50 años del golpe, la voz de Silvia Barco no solo reconstruye el pasado: lo proyecta hacia el presente y el futuro.

Porque, como ella misma sostiene, la memoria no es solo recuerdo. Es una herramienta para construir una sociedad más justa, con dignidad y derechos para todos.

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