La crisis en el Hospital de Villa Regina sumó un nuevo capítulo de máxima tensión: la jefa de Terapia Intensiva, Perla Valvidares, no pudo tomar la guardia por la prohibicion de acercamiento al médico Pablo Suárez, quien ya se encontraba en funciones. La médica denunció a su colega, quien asumirá como director del está establecimiento, por violencia y persecución.
El episodio ocurrió en plena mañana, del miércoles, cuando Valvidares llegó al hospital para relevar a Suárez en la UTI. Sin embargo, lo que debía ser un pase de guardia habitual se transformó en un momento tenso e inédito. La médica, al advertir la presencia del profesional con quien mantiene el conflicto judicial, decidió convocar a la Policía ante el riesgo de incumplir la medida cautelar vigente.
Los efectivos de la Comisaría 5° que ingresaron al hospital notificaron a Valvidares que la prohibición de acercamiento es recíproca. En otras palabras, al encontrarse Suárez ya dentro del lugar de trabajo, la responsabilidad de evitar el contacto recaía sobre ella.
Esa interpretación dejó a la jefa de Terapia Intensiva en una situación sin salida: no podía acercarse para recibir el parte médico ni concretar el traspaso de pacientes, pero tampoco podía cumplir con su guardia de manera normal. Frente a ese escenario, optó por retirarse de la situación directa y realizar una exposición policial para dejar asentado lo ocurrido.
Mientras tanto, puertas adentro del hospital, la preocupación creció rápidamente. No se trataba de un sector cualquiera: la UTI requiere coordinación precisa, comunicación directa y decisiones inmediatas. Y en ese contexto, la imposibilidad de realizar un pase de guardia cara a cara encendió todas las alarmas.
Por eso, y casi de manera urgente, la dirección del hospital tuvo que redefinir la dinámica de trabajo. En consecuencia, se resolvió que los relevos entre ambos profesionales no podrán hacerse de forma presencial. En su lugar, deberán utilizarse mecanismos alternativos, como comunicación remota o mediada, para garantizar el flujo de información clínica sin violar la orden judicial.
Además, se avanzó en una reorganización de los cronogramas para evitar que Valvidares y Suárez coincidan físicamente dentro del establecimiento. Una medida excepcional que deja en evidencia hasta qué punto escaló el conflicto.
Sin embargo, el trasfondo sigue siendo igual de inquietante. La tensión no solo impacta en el clima laboral, sino que también pone bajo presión el funcionamiento de un área donde cada decisión puede ser vital. Y en ese escenario, cualquier falla en la comunicación no es un detalle menor.