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Murió Leucadia Benigar, hija del legendario “sabio que murió sentado” en Aluminé

Tenía 80 años. Su muerte vuelve a poner en valor la historia de Juan Benigar, el intelectual croata que eligió Neuquén para vivir entre comunidades mapuches, creó la primera industria textil neuquina y dejó una huella imborrable en la cultura patagónica.

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Miércoles, 20 de mayo de 2026 a las 19:00
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El fallecimiento de Leucadia despertó recuerdos sobre la vida de su padre, Juan Benigar.

Con profundo respeto y emoción, familiares, vecinos y referentes de Aluminé despidieron este lunes a Leucadia Benigar, hija de Juan Benigar, una de las figuras más singulares y trascendentes de la historia cultural de la Patagonia. Tenía 80 años y sus restos fueron sepultados a las 17 en esa localidad cordillerana, donde su apellido sigue siendo sinónimo de memoria, identidad y sabiduría.

La partida de Leucadia no solo generó dolor en su entorno familiar. También despertó recuerdos sobre la vida de su padre, aquel hombre nacido en Europa que terminó convirtiéndose en uno de los mayores estudiosos de la cultura mapuche y en un personaje legendario del Neuquén profundo.

Juan Benigar nació en Zagreb, actual capital de Croacia, en 1883. Ingeniero civil, lingüista y políglota, hablaba cerca de veinte idiomas y había sido formado en una Europa intelectualmente efervescente. Sin embargo, eligió dejar atrás ese mundo para instalarse en la Patagonia argentina a comienzos del siglo XX.

Llegó atraído por una curiosidad que lo acompañaba desde niño: conocer a los pueblos originarios del sur. Ese interés lo llevó a convivir durante décadas con comunidades mapuches, aprender su lengua, estudiar sus costumbres y construir una vida completamente integrada a la cordillera neuquina.

Juan Benigar llegó a la Patagonia atraído por su curiosidad de conocer a los pueblos originarios del sur.

Con el tiempo se transformó en escritor, pensador y antropólogo autodidacta. Muchos lo llamaron “el cacique blanco”, no solo por su cercanía con las comunidades mapuches, sino también por la defensa apasionada que hizo de la identidad patagónica y de los saberes ancestrales.

Pero Benigar no fue solamente un intelectual. También fue un innovador. En la zona de Aluminé creó una experiencia inédita para la época: una tejeduría artesanal impulsada por energía hidráulica. Aprovechando el agua de canales diseñados por él mismo, construyó telares que funcionaban sin electricidad, movidos únicamente por la fuerza del agua.

Las telas producidas en aquel rincón remoto de la cordillera neuquina llegaron a comercializarse en Harrods Gath & Chaves, la histórica tienda de la calle Florida, en Buenos Aires. Los paños elaborados en Aluminé compartían vidrieras con productos europeos de lujo, en una historia tan improbable como real.

La producción combinaba técnicas mapuches aprendidas de sus compañeras de vida —primero Eufemia Barraza y luego Rosario Peña— con conocimientos de ingeniería y procesos industriales desarrollados por el propio Benigar. Su sueño era crear una gran cooperativa textil que generara empleo para decenas de familias indígenas, aunque el proyecto nunca llegó a concretarse completamente.

En Neuquén también quedó inmortalizada otra imagen que alimentó su leyenda: la del “sabio que murió sentado”. El 14 de enero de 1950 fue encontrado sin vida en su casa de Poi Pucón, bajo un manzano, rodeado de libros y escritos, como si hubiese quedado detenido en medio de una reflexión.

Su figura atravesó generaciones y se convirtió en una referencia obligada para entender la historia cultural del sur neuquino.

Ahora, con la muerte de Leucadia Benigar, muchos sienten que también se apaga una parte viva de esa memoria patagónica. Una generación que conservaba el vínculo directo con aquel hombre que unió Europa y la cordillera, la ciencia y el mundo mapuche, los telares artesanales y la reflexión intelectual.

En Aluminé, donde todavía sobreviven relatos sobre Juan Benigar y sus telares, el apellido sigue cargado de historia. Y la despedida de Leucadia volvió a recordar que algunas vidas dejan marcas mucho más profundas que el paso del tiempo.

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