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Domingo 15 de Marzo, Neuquén, Argentina
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Un neuquino competirá en Francia con un fertilizante “inteligente” que podría cambiar la agricultura

Tiene 29 años, nació y se formó en la educación pública de Neuquén y hoy compite con proyectos de Europa y Brasil. Jeremías Benjamín, becario doctoral del Conicet, presentará en Francia un fertilizante ecológico que promete hacer más eficiente la agricultura y reducir el impacto ambiental.

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Becario doctoral del Conicet viajará a Francia para competir en la final de los Premios de Innovación Roullier 2025-2026, donde presentará su proyecto.

La historia de Jeremías Benjamín es la de un joven neuquino que pasó de las aulas del sistema público provincial a uno de los escenarios internacionales más exigentes en materia de innovación científica.

Con apenas 29 años, el becario doctoral del Conicet viajará a fin de mes a Francia para competir en la final de los Premios de Innovación Roullier 2025-2026, donde presentará su proyecto “NanoQlay: un compuesto de quitosano-nanoarcilla en un fertilizante inteligente de alta eficiencia”. Allí se medirá con iniciativas de Italia, Portugal y Brasil en la categoría Talento Joven.

Su propuesta busca desarrollar un fertilizante multifuncional capaz de mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes en los cultivos y, al mismo tiempo, reducir el impacto ambiental. “Trabajamos con arcillas, aprovechando su estructura de láminas unas encima de otras. Dentro de esas láminas se pueden colocar moléculas específicas y en este caso incorporamos quitosano, que se puede extraer de la cáscara de langostino, un residuo de la industria pesquera”, explicó Benjamín.

De esta manera, un desecho del océano puede convertirse en un aliado para la producción agrícola.

“Viví casi toda mi vida en Neuquén hasta que me fui a estudiar a los 19 años. Siempre es una ciudad a la que vuelvo, tengo a mi familia y muchos amigos ahí”, contó.

Un fertilizante más eficiente y sustentable

El proyecto introduce un material basado en nanoarcillas diseñado para capturar y liberar nitratos de forma controlada. El objetivo es reducir las pérdidas de nitrógeno que suelen producirse con los fertilizantes tradicionales.

Ese desperdicio no solo afecta la productividad de los cultivos, sino que también puede provocar contaminación cuando los nutrientes se filtran hacia napas de agua o ecosistemas marinos.

La propuesta se alinea con la temática de la edición 2025-2026 del certamen, centrada en proyectos que conecten el océano con la agricultura o la nutrición animal. “La temática de este año era ‘del océano al campo’, por eso también pensamos en los langostinos: algo que viene del océano y termina teniendo una aplicación en la agricultura”, señaló.

El desarrollo forma parte de su tesis doctoral y se lleva adelante en el Instituto de Investigaciones Biológicas de la Universidad Nacional de Mar del Plata y el Conicet, en colaboración con el Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (Intema).

“Yo trabajo en el Instituto de Biología, pero lo hacemos en conjunto con el Intema. El proyecto fue colaborativo entre dos institutos y tres grupos de investigación”, explicó.

El proyecto del joven neuquino introduce un material basado en nanoarcillas diseñado para capturar y liberar nitratos de forma controlada, con el objetivo de reducir las pérdidas de nitrógeno que suelen producirse con los fertilizantes tradicionales.

El desafío de presentar ciencia como negocio

La final se realizará el 2 de abril en Saint Malo, Francia, donde los finalistas deberán exponer sus proyectos ante un jurado internacional vinculado al sector empresarial. Para Benjamín, el desafío no es solo científico. “Estoy preparando la presentación. Yo vengo del mundo más académico y esto es más una presentación de negocios, así que hay que afinar cuestiones a las que uno no está tan acostumbrado”, contó.

Sin embargo, destaca que la experiencia ya representa una oportunidad enorme. “Ya el hecho de viajar y mostrar el proyecto es muy valioso. Incluso si no gana, puede haber gente interesada y eso permite ampliar redes de colaboración”, aseguró.

 

Un neuquino que no pierde el vínculo con su ciudad

Antes de dedicarse a la investigación, la vida de Jeremías transcurrió en Neuquén capital. Vivió allí hasta los 19 años, cuando se trasladó a Córdoba para estudiar Biotecnología en la Universidad Nacional de Córdoba, donde formó parte de la primera camada de egresados de la carrera.

Su recorrido educativo comenzó en el jardín de Alta Barda, continuó en la Escuela 201 y finalizó en la EPET 14.

“Viví casi toda mi vida en Neuquén hasta que me fui a estudiar. Siempre es una ciudad a la que vuelvo, tengo a mi familia y muchos amigos ahí”, recordó.

También conserva un fuerte vínculo con el deporte y con el club donde jugó durante años. “Jugué al básquet en el Club Pacífico, así que siempre sigo lo que va pasando en el club”, comentó.

Hoy vive en Mar del Plata, donde desarrolla su investigación doctoral, pero cada vez que vuelve a su ciudad natal se sorprende con los cambios. “Neuquén es una ciudad que me encanta y que cada vez que vuelvo la veo distinta, porque cambia muchísimo”, dijo.

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