El frío ya se hace sentir en el norte neuquino y, con él, comienza uno de los movimientos más tradicionales de la región: la bajada de los crianceros desde la cordillera hacia zonas más bajas, en busca de resguardo para enfrentar el invierno.
En ese contexto, efectivos de la Comisaría 38° de Las Ovejas realizaron un operativo de patrullaje y acompañamiento sobre la Ruta Provincial 45 y el sector del Cajón Los Pajaritos. No se trató de un control habitual, sino de una recorrida con otro ritmo, marcada por el contacto directo con las familias que viven y trabajan en la montaña.
Durante el trayecto, los policías se encontraron con distintos crianceros que ya empiezan a organizar la bajada. Entre mates y conversaciones breves, el mensaje fue coincidente: en los próximos días iniciarán el descenso. Algunos ya tienen fechas definidas; otros aguardan una última ventana de buen clima antes de emprender el camino.
A pesar de las bajas temperaturas y las primeras nevadas, las familias aseguraron que se encuentran en buen estado, preparadas para una nueva temporada de traslado.
El operativo continuó desde Varvarco, donde otro patrullaje avanzó por la Ruta Provincial 68 hasta la zona de Pampa Ferraina. Allí, la escena reflejó con claridad la magnitud de esta práctica ancestral: un criancero descendiendo con su tropa, compuesta por unos 800 chivos y más de 20 caballos, avanzando lentamente entre el viento y el terreno irregular.
En ese punto, la intervención policial no implicó apuros ni restricciones. Fue un acompañamiento atento, garantizando condiciones de seguridad en el traslado y brindando apoyo ante cualquier eventualidad en un entorno donde las distancias y el clima imponen sus propias reglas.
Desde la fuerza destacaron la importancia de estos operativos en zonas rurales y de difícil acceso, especialmente en épocas críticas como el inicio del invierno, donde el descenso de los crianceros se vuelve clave para resguardar tanto a las familias como a los animales.
En el norte neuquino, la trashumancia no es solo una práctica productiva: es una forma de vida. Y en cada bajada, entre la nieve, el viento y los caminos de montaña, se juega también la continuidad de una tradición que resiste el paso del tiempo.