Hay historias que empiezan cuando todo parece perdido. Un chico llega con una mochila improvisada. A veces trae un par de mudas de ropa. Otras, apenas un juguete gastado que se aferra como si fuera un salvavidas. Detrás quedaron situaciones de violencia, abandono o familias que, por distintos motivos, no pudieron protegerlo. Del otro lado lo espera una puerta abierta, no es su casa, tampoco una adopción. Es una Familia Solidaria, un refugio transitorio donde alguien vuelve a decirle algo tan simple como poderoso: "acá estás a salvo".
Ese trabajo silencioso, lejos de los titulares y de las grandes discusiones políticas, acaba de recibir un reconocimiento nacional. Río Negro fue destacado por la Red Federal de Acogimiento Familiar Argentina, que publicó por primera vez un artículo elaborado por el equipo del programa Familias Rionegrinas Solidarias.
El texto lleva un título que resume el drama que viven miles de niños cuando el Estado debe intervenir para protegerlos: "El costo de la indiferencia: por qué las Familias Solidarias son la clave para salvar a los hijos del desamparo". La publicación marca un hecho inédito, nunca antes Río Negro había tenido un espacio propio dentro del boletín de la Red Federal, una distinción que reconoce el trabajo técnico desarrollado para consolidar el acogimiento familiar como una herramienta clave en la restitución de derechos.
Detrás de ese reconocimiento hay una realidad poco conocida. Las Familias Solidarias no adoptan a los chicos ni buscan reemplazar a su familia de origen. Su misión es ofrecer un hogar temporal mientras la Justicia y los equipos especializados trabajan para resolver cada situación. Durante ese tiempo, los niños encuentran algo que muchas veces habían perdido: estabilidad, afecto, rutinas y la posibilidad de volver a confiar.
El programa busca que ningún niño atraviese ese proceso en una institución cuando existe la posibilidad de crecer, aunque sea por un tiempo, dentro de una casa donde alguien prepare la cena, acompañe la tarea escolar o espere despierto hasta que se duerma.
El reconocimiento también pone el foco sobre el trabajo cotidiano de los equipos técnicos de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF), encargados de acompañar tanto a los chicos como a las familias que aceptan el enorme desafío de abrirles las puertas de su hogar.