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La rionegrina de 11 años vive en el pueblo más frío del país y emociona con su telar mapuche

Antonella Hernández vive en Maquinchao y en apenas un año aprendió uno de los oficios más ancestrales de la cultura mapuche. Su historia se volvió viral tras aparecer tejiendo en la Fiesta Nacional de la Lana y hoy sorprende a todo el país.

 

Lunes, 11 de mayo de 2026 a las 08:00
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Antonella Hernández vive en Maquinchao y desde el año pasado aprende el arte del telar mapuche.

Con solo 11 años, Antonella Hernández se convirtió en una de las imágenes más conmovedoras de la Patagonia. La nena vive en Maquinchao, el pueblo más frío de la Argentina, y desde hace apenas un año aprendió a tejer en telar mapuche con una habilidad que sorprendió hasta a las tejedoras más experimentadas. Un video suyo durante la Fiesta Nacional de la Lana se volvió viral y ahora su historia emociona a todo el país.

La pequeña artesana comenzó a interesarse por el tejido desde muy chica gracias a su tía, con quien aprendió crochet cuando apenas tenía seis años. Pero el gran cambio llegó en 2025, cuando vio publicaciones sobre telar mapuche y decidió empezar a aprender en un taller de la Asociación Civil Sol de Esperanza de Maquinchao.

Allí conoció a Gloria Hueche, una histórica tejedora de la región que lleva más de cuatro décadas trabajando con telar. Antonella era la única menor dentro de un grupo integrado por mujeres adultas, pero rápidamente sorprendió por su rapidez para aprender una técnica considerada muy compleja incluso para personas con experiencia.

El telar mapuche requiere hilar lana de oveja, montar los hilos sobre estructuras de madera y crear diseños verticales tradicionales que demandan precisión, paciencia y memoria. En apenas un mes y medio, Antonella logró realizar sus primeros tejidos con dibujos elaborados, algo poco habitual para quienes recién comienzan.

Desde entonces no paró. Ya confeccionó más de diez trabajos, entre ellos un regalo especial para su mamá y una bandera tejida para su escuela, que hoy permanece colgada en la entrada del establecimiento educativo. Además, suele llevar sus tejidos a clases y aprovechar cada recreo para seguir practicando.

Un video de su trabajo en la Fiesta Nacional de la Lana la dio a conocer en el resto del país y la convirtió en símbolo de una cultura que ella, casi sin proponérselo, decidió defender.

Pero la vida de Antonella no gira solo alrededor del telar. También se destaca en la escuela con excelentes notas, toma clases de folklore, estudia guitarra y practica patín artístico desde muy pequeña. En Maquinchao ya la conocen como una nena inquieta, creativa y apasionada por todo lo que hace.

Mientras su historia sigue multiplicándose en redes sociales y medios nacionales, Antonella mantiene intacta la sencillez. Dice que tejer la hace feliz y que quiere seguir aprendiendo durante muchos años más. Sin darse cuenta, la nena que empezó mirando un video en redes sociales terminó convirtiéndose en una de las guardianas más jóvenes de una tradición ancestral patagónica.

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