Al inicio de la gestión de Rolando Figueroa, Neuquén encontró cerca de 400 obras paralizadas y desfinanciadas por Nación, producto de un déficit de infraestructura sanitaria que se arrastraba desde hacía más de diez años. Frente a ese escenario, el Gobierno decidió tomar a su cargo proyectos que, de no mediar esa intervención, habrían quedado directamente abandonados, dejando a vecinos dependiendo de pozos sépticos para sus líquidos sanitarios, con el consiguiente impacto ambiental.
El caso más emblemático es el de Zapala, que gracias a una inversión histórica financiada en conjunto con el municipio tendrá, por primera vez en su historia, un sistema de tratamiento de efluentes propio. El mismo esquema se replica en localidades más pequeñas como Loncopué y Huinganco, donde estas obras representan un salto en el cuidado ambiental que antes no era posible costear.
El canon
Ese cambio de escala forma parte de una política provincial que empezó a mirar al agua como un recurso tan estratégico como los hidrocarburos. En ese sentido, el Gobierno de Rolando Figueroa dispuso subir de manera progresiva el canon que pagan las empresas hidrocarburíferas por el agua que utilizan en las perforaciones no convencionales de Vaca Muerta, con el objetivo declarado de incentivar la reutilización y recirculación del recurso en un contexto de emergencia hídrica.
Este mecanismo se suma a otras vías de financiamiento cruzado entre la actividad petrolera y la obra pública: en marzo de este año el Gobernador anunció un esquema por el cual la provincia destinará $11.000 millones a obras hídricas y a un fondo de infraestructura para el desarrollo de Vaca Muerta, además de comprometer a empresas energéticas en el financiamiento de obra pública. Es la misma lógica que hoy empuja acueductos, redes y plantas de tratamiento en el resto del territorio.
El mantenimiento
Uno de los cambios de paradigma de esta gestión, según señala el propio organismo, fue empezar a sostener el mantenimiento de las plantas de tratamiento de líquidos cloacales, una tarea que históricamente no se realizaba porque la inversión que demanda no está contemplada en la tarifa que pagan los usuarios. Ese mantenimiento hoy se financia gracias a la decisión de destinar fondos específicos para ponerlas en valor.
El caso más significativo es el de la planta Tronador, la de mayor envergadura de la Patagonia, que trata el 85% de los líquidos sanitarios de Neuquén capital y para la que se proyecta además su última ampliación posible dentro del predio. El mismo criterio se aplica en la planta del Parque Industrial de Neuquén y en Chos Malal, donde se está reacondicionando el equipamiento electromecánico y la infraestructura edilicia para que ambas plantas puedan tratar los efluentes para los que fueron diseñadas.
Ese esfuerzo se completa con obras de redes cloacales en la capital, como la refuncionalización de los pozos de bombeo N° 4 y N° 8 de calle Drury, una intervención de 1.020 millones de pesos que beneficiará a 80.000 habitantes y que busca descomprimir una cuenca sanitaria del oeste capitalino y la culminación de la obra de calle Copahue, que llevaba muchos años paralizada.
El modelo neuquino
Si hay un ejemplo que resume el vínculo entre petróleo y saneamiento, ese es el de Cutral Co y Plaza Huincul. Allí, la gestión consiguió acuerdos históricos que permitieron poner en marcha obras de gran envergadura a partir de un Pacto de Gobernanza y de la decisión de las autoridades locales de pagar por el servicio de captación y potabilización de agua. Hoy avanza a paso firme la ampliación de las lagunas de tratamiento de líquidos cloacales, que permitirá aumentar la capacidad del sistema y llevar servicio domiciliario a numerosas familias de ambas ciudades.
La particularidad de esta intervención es su esquema de financiamiento tripartito, con aportes iguales del municipio de Plaza Huincul, de Cutral Co y de la Provincia, un modelo que empieza a repetirse como forma de sostener obras esenciales sin depender exclusivamente de un solo nivel del Estado.
El desafío hacia adelante es sostener este esquema en el tiempo: la provincia proyecta licitar 20 obras adicionales por más de $100.000 millones solo en agua y saneamiento. En un contexto de desfinanciamiento de la obra pública nacional, Neuquén apuesta a que la renta de Vaca Muerta -vía canon del agua, regalías y acuerdos de financiamiento compartido con municipios y operadoras- siga siendo la llave que permita completar la infraestructura sanitaria que la provincia necesitó durante más de una década y no tuvo.