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Una vez más, el perro Burlete se vistió para la ocasión y sacó sonrisas en el Hospital Castro Rendón

El perro llegó con regalos y clima mundialista a acompañar a Santiago, quien atraviesa su enfermedad en el Hospital Provincial.

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Burlete fue rescatado y atravesó un cáncer, ahora ayuda a otros en sus padecimientos.

Una vez más Burlete, el perro acompañante del Hospital Castro Rendón, fue la alegría de un nene internado en Terapia Intensiva que pidió verlo. 

Santiago se encuentra internado en el Hospital Provincial, atravesando una enfermedad con fuerza y determinación. Además de su propia voluntad, este miércoles tuvo una ayuda extra y recibió la visita del reconocido Burlete.

El perro, que estaba vestido con la ropa de la Selección Argentina, compartió un rato con Santiago y una vez más fue la contención de un paciente. Fue el segundo encuentro entre Burlete y el joven, quienes compartieron una conexión emocional.

Además, le llevó como regalo a Santiago una camiseta de la Selección, en la previa al comienzo del Mundial. "Burlete es parte de nuestro equipo de salud y acompaña a pacientes en momentos significativos de su recuperación. Santiago pidió verlo y Burlete estuvo ahí", enfatizaron desde el Hospital Provincial.

Cómo ayuda a los pacientes la presencia animal

Burlete es uno de los perros entrenados para brindar asistencia emocional y frecuentemente hace visitas a niños y pacientes que pasan sus días en el Hospital. 

Las visitas de Burlete forman parte del Programa de Asistencia Emocional con Animales No Humanos que se desarrolla desde 2024. Está incluido dentro del Programa de Cuidados Humanizados del hospital, que apunta a sumar contención emocional a los tratamientos médicos.

Además no se trata de cualquier perro, ya que él fue rescatado por la Municipalidad de Neuquén cuando tenía cáncer. Atravesó la quimioterapia y logró salir adelante. Hoy, convertido en facilitador terapéutico, acompaña al personal de salud en recorridos por Pediatría, Hospital de Día, consultorios y Salud Mental.

Cada quince días, Burlete y otros perros entrenados visitan espacios comunes y salas de espera. Su sola presencia reduce el estrés, mejora el estado de ánimo y devuelve, aunque sea por un rato, la sonrisa a quienes más lo necesitan.

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