Hoy, 24 de junio, la Iglesia conmemora solemnemente la natividad de San Juan Bautista, una festividad única que celebra el nacimiento de este santo, algo que solo se hace también con Jesús y la Virgen María. Esta celebración resalta su papel fundamental como el último gran profeta de Israel y primer testigo de Jesús.
San Juan Bautista es reconocido por haber iniciado un bautismo para el perdón de los pecados y por haber bautizado a Jesús mismo. Además, es recordado como mártir defensor de la ley judía. Jesús afirmó sobre él: “En verdad os digo que entre los nacidos de mujer no hay otro mayor que Juan el Bautista” (Mt 11,11), subrayando su importancia espiritual.
La fecha del 24 de junio se estableció en el siglo IV basándose en el Evangelio de San Lucas, que indica que Isabel, madre de Juan, estaba en su sexto mes de embarazo. Desde el siglo VI, esta festividad cuenta además con una Víspera para su preparación litúrgica.
Relato evangélico sobre el nacimiento de Juan
El relato evangélico narra que al nacer Juan, sus vecinos y familiares se alegraron por la misericordia de Dios hacia Isabel. Ocho días después, durante la circuncisión, sus parientes querían llamarlo Zacarías, como su padre, pero la madre insistió en que se llamara Juan, nombre que fue confirmado por el propio Zacarías al escribirlo en una pizarra, momento en que recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios (Lc 1, 57-66.80).
Este acontecimiento causó gran impresión y asombro en la región, despertando preguntas sobre el futuro de este niño, pues “la mano del Señor estaba con él”. Juan creció fortaleciéndose espiritualmente y vivió en lugares desiertos hasta su manifestación pública.
El asombro que genera la historia de Juan Bautista es también una invitación a la fe viva y agradecida. En palabras del Papa Francisco durante el Ángelus del 24 de junio de 2018: “Todo el evento del nacimiento de Juan Bautista está rodeado por un alegre sentido de asombro, de sorpresa, de gratitud… El pueblo fiel intuye que ha sucedido algo grande, aunque humilde y escondido”.
El nombre de Juan, elegido por Dios y confirmado por Zacarías, simboliza nuevas oportunidades y milagros, como el nacimiento de un hijo en una pareja estéril y el retorno del habla a un hombre mudo. Estos signos muestran que donde parece imposible, Dios siempre reserva una posibilidad, reflejando la esperanza expresada por el profeta Isaías: “Yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?” (Is 43:19).