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Domingo 12 de Abril, Neuquén, Argentina
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Gerardo Romano confesó por qué lo echaron de la iglesia y se alejó de la religión

Gerardo Romano recordó dos confesiones insólitas con curas y explicó por qué terminó tomando distancia de la Iglesia.

Domingo, 12 de abril de 2026 a las 07:45
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Gerardo Romano volvió a hacer una de esas confesiones que desacomodan todo apenas salen al aire. Esta vez no habló de política, de actuación ni de polémicas actuales, sino de una experiencia personal que arrastra desde la adolescencia y que, según contó, definió para siempre su vínculo con la religión. El actor relató cómo una escena vivida dentro de una iglesia lo marcó de tal manera que terminó alejándolo de esa institución durante años.

Lejos de contarlo en tono solemne, Gerardo Romano reconstruyó el episodio con la mezcla de crudeza e ironía que suele usar cuando revisa momentos incómodos de su vida. Según explicó, todo ocurrió cuando era muy joven y se confesó con un sacerdote en una parroquia de Balvanera. Allí, decidió hablar sin filtros de una experiencia íntima que para él tenía peso, aunque del otro lado la reacción fue completamente distinta a la que esperaba. “El cura me soltó el bozal”, lanzó, antes de recordar el desenlace de aquella charla.

Después vino la frase que resumió el origen de su ruptura con la Iglesia. “Estuve arrodillado y confesé mi primer orgasmo. Me echó y eso me alejó de la religión”, contó. En esa escena, más que culpa o arrepentimiento, lo que quedó instalado fue una sensación de rechazo.

Con los años, sin embargo, hubo un segundo acercamiento, aunque tampoco terminó de la mejor manera. Ya de adulto, Gerardo Romano recordó una salida que lo llevó hasta Luján y que despertó otra vez cierta necesidad de entrar en contacto con lo religioso. “(Un día) terminé en Luján a las ocho de la mañana con unos amigos y me gustó ese paseo por Luján, a las siete de la mañana”, dijo, al describir un impulso que lo llevó a volver a confesarse después de mucho tiempo.

Esa segunda experiencia tampoco quedó en un terreno convencional. El actor decidió hablar otra vez con franqueza y enumeró situaciones de su pasado que consideró pecaminosas o, al menos, alejadas de cualquier moral religiosa. “Tuve sexo múltiple, tomé drogas, participé en una orgía”, le dijo al sacerdote. Pero la reacción, otra vez, fue tan extraña como descolocante. “Cuando terminé de decirle la parte pecaminosa del pasado-presente, me sacó la tarjeta. Me dijo: ‘Vaya, vaya, vaya’”, recordó.

Fiel a su estilo, incluso en medio de esa anécdota dejó lugar para la corrección burlona y el remate incómodo. “Fui un poco exagerado, porque estuve en un lugar donde había 60 personas, pero no participé. Me senté”, aclaró, como si necesitara ajustar el tamaño del escándalo que había contado. 

Así, Gerardo Romano no habló de una pérdida abstracta de la fe, sino de momentos concretos que le dieron forma a ese alejamiento. En su relato no hay una crisis espiritual narrada en términos grandilocuentes, sino escenas precisas, incómodas y bastante brutales. Y en ese recorrido, entre confesiones mal recibidas y respuestas insólitas, terminó de entender que su lugar ya no estaba ahí.

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