Hay oficios que trabajan detrás de escena, pero que resultan fundamentales para que la historia quede escrita. La taquigrafía es uno de ellos. Durante 34 años, Carmen Gutiérrez se sentó entre los protagonistas de los debates de la Legislatura de Neuquén para hacer algo tan sencillo de explicar como complejo de realizar: escuchar, interpretar y registrar cada palabra.
Ahora, a pocos días de jubilarse, Gutiérrez cerrará una etapa que comenzó casi de casualidad en 1992 y que la llevó a convertirse en directora del Cuerpo de Taquígrafos de la Legislatura.
Su historia comenzó con un aviso publicado en el diario. En aquel momento estudiaba Ingeniería Química en la universidad y se encontró con una convocatoria para un concurso de oposición y antecedentes para ingresar como taquígrafa. Se presentó y ganó. “Yo estaba estudiando en la universidad y salió un aviso en el diario de que pedían taquígrafa. Entonces me dijeron que me presentara y me presenté y gané el concurso”, recordó durante la entrevista en el programa Entretiempo por AM550.
“Se dio, se dio, se dio”, recordó entre risas. Lo que parecía una oportunidad circunstancial terminó convirtiéndose en más de tres décadas de profesión.
Pero la taquigrafía no era completamente desconocida para ella. Durante la secundaria había aprendido el sistema y, años antes, incluso había realizado un curso de dos años. Cuando apareció el concurso, ya contaba con los conocimientos y la velocidad necesarios para afrontar la prueba. “Lo hice como estaba en la secundaria. Dije: ‘Lo hago igual, me entretengo’, y lo aprendí. Tenía ese conocimiento, no tuve que reforzarlo ni nada. Salió el llamado y yo ya lo sabía. Tenía la velocidad y todo”, contó.
Desde entonces, su lugar de trabajo estuvo ligado a la historia institucional de la provincia.
Escuchar lo que ocurre cuando las palabras quedan escritas
El trabajo de un taquígrafo consiste en registrar todo lo que sucede durante una sesión. No solamente las palabras pronunciadas por los diputados, sino también situaciones que pueden quedar fuera de una grabación. “Todo lo que sucede y todo lo que se escucha”, explicó Gutiérrez. Con ese material se elabora la versión taquigráfica, que luego se publica y pasa a formar parte del Diario de Sesiones. Es, en definitiva, el registro escrito de aquello que ocurrió dentro del recinto.
Durante sus primeros años, el procedimiento era muy diferente al actual. Los taquígrafos ingresaban al recinto cada diez minutos, tomaban los signos y luego los traducían utilizando máquinas de escribir Olivetti. La tecnología modificó buena parte del proceso, pero no eliminó el oficio. Hoy cuentan con grabaciones, audio, video y computadoras. Incluso comenzaron a incorporar herramientas de inteligencia artificial como asistencia para elaborar primeros borradores. Sin embargo, Gutiérrez sostiene que todavía hay una tarea que requiere necesariamente del profesional.
“El oído analítico, la interpretación del contexto político y la corrección fina” siguen siendo fundamentales, explicó.
Una grabación puede cortarse, fallar o simplemente no captar una discusión que ocurre fuera del alcance del micrófono. En esos momentos, el registro del taquígrafo se convierte en la única constancia de lo sucedido.
El trabajo de un taquígrafo consiste en registrar todo lo que sucede durante una sesión. No solamente las palabras pronunciadas por los diputados, sino también situaciones que pueden quedar fuera de una grabación. “Todo lo que sucede y todo lo que se escucha”, explicó Gutiérrez. Con ese material se elabora la versión taquigráfica, que luego se publica y pasa a formar parte del Diario de Sesiones. Es, en definitiva, el registro escrito de aquello que ocurrió dentro del recinto.
34 años mirando pasar la historia
Cuando Carmen ingresó a la Legislatura, el escenario político era diferente. Había 25 diputados y las sesiones se desarrollaban en el histórico edificio ubicado en las calles Olascoaga y Libertad. En 2007 llegó el traslado al nuevo edificio legislativo, ubicado en Leloir.
Pero más allá de los cambios edilicios, tecnológicos y políticos, Gutiérrez fue testigo de transformaciones profundas en la provincia. A lo largo de 34 años registró debates, discusiones, proyectos y leyes. También participó del registro taquigráfico de situaciones excepcionales, como los juicios políticos.
Uno de los episodios que recuerda especialmente es la destitución de Derlis Kloosterman, intendenta de Neuquén entre 1991 y 1995, proceso en el que el Cuerpo de Taquígrafos fue convocado para dejar constancia de lo ocurrido. “Es algo que uno no olvida”, contó.
Su trabajo no consistió solamente en escuchar discursos preparados. También implicó seguir discusiones, cambios de clima dentro del recinto y momentos en los que la actividad legislativa se alejaba de la rutina.
Por eso, detrás de cada versión taquigráfica hay también una mirada profesional sobre una parte de la historia neuquina.
Cuando Carmen ingresó a la Legislatura, el escenario político era diferente. Había 25 diputados y las sesiones se desarrollaban en el histórico edificio ubicado en las calles Olascoaga y Libertad. En 2007 llegó el traslado al nuevo edificio legislativo, ubicado en Leloir. Pero más allá de los cambios edilicios, tecnológicos y políticos, Gutiérrez fue testigo de transformaciones profundas en la provincia. A lo largo de 34 años registró debates, discusiones, proyectos y leyes. También participó del registro taquigráfico de situaciones excepcionales, como los juicios políticos.
Una profesión que se adapta sin desaparecer
La taquigrafía nació como un sistema de escritura rápida basado en signos, rayas, círculos y semicírculos. Con el paso del tiempo, las herramientas cambiaron, pero el principio continúa siendo el mismo: captar las palabras con velocidad y precisión. En la Legislatura de Neuquén, los taquígrafos siguen ingresando al recinto en turnos de diez minutos.
Actualmente el cuerpo está integrado por nueve personas, entre mandos medios y planta operativa. Durante cada sesión se van alternando para poder sostener el ritmo de trabajo.
La inteligencia artificial también llegó a esta tarea, pero Gutiérrez la describe como una herramienta de asistencia y no como un reemplazo. La razón está en algo que ninguna tecnología puede resolver por sí sola: comprender el contexto de lo que está ocurriendo.
Una palabra mal interpretada, una discusión simultánea, una expresión que no queda registrada en el audio o una situación que ocurre fuera de cámara pueden cambiar el sentido de un registro. Allí aparece la experiencia del taquígrafo.
El homenaje que cerró un ciclo
A pocos días de su jubilación, sus compañeros decidieron preparar una sorpresa que, de alguna manera, resume toda su trayectoria. Le entregaron una edición de la Constitución Provincial escrita íntegramente en taquigrafía.
El trabajo fue realizado por sus compañeros, junto con el equipo de Talleres Gráficos, y recibió una encuadernación especial. Gutiérrez no sabía nada. “Fue una sorpresa total”, contó.
La emoción tuvo un significado particular: durante 34 años, su trabajo consistió precisamente en transformar las palabras pronunciadas en el recinto en un registro escrito. Esta vez, fueron sus propios compañeros quienes utilizaron esos mismos signos para homenajearla.
El reconocimiento se convirtió así en algo más que un recuerdo de su paso por la Legislatura. Fue una forma de devolverle, en su propio lenguaje profesional, parte de la historia que Carmen ayudó a conservar durante más de tres décadas.
El próximo 1 de octubre dejará formalmente la dirección del Cuerpo de Taquígrafos. Se irá después de 34 años, pero con miles de páginas que conservan debates, decisiones y momentos de la vida institucional de Neuquén.
Su llegada a la taquigrafía fue casi una casualidad. Su permanencia, en cambio, terminó convirtiéndose en una historia de vocación, oficio y pasión por escuchar.