La comunidad de Chorriaca, en el norte neuquino, vivió la cuarta edición de la Fiesta de la Parición, un encuentro que reúne las costumbres del campo, las expresiones culturales y el reconocimiento a las familias crianceras, protagonistas de una de las actividades productivas más arraigadas en la región.
La celebración pone el acento en un momento clave de la actividad productiva: la llegada de las nuevas crías. La parición marca el comienzo de una etapa de intenso trabajo para quienes viven de la crianza de animales, especialmente de chivas y ovejas, y demanda una dedicación permanente para acompañar y cuidar a los animales, resguardar a las crías y afrontar los desafíos propios de la vida rural.
En este contexto, la fiesta se convierte en una oportunidad para compartir y transmitir los saberes que pasan de generación en generación, además de fortalecer el sentido de pertenencia de una comunidad profundamente ligada a sus raíces y a la actividad criancera.
La 4° Edición de la Fiesta comenzó el día sábado con un desfile gaucho que recorrió las calles del paraje, en una postal que reflejó el espíritu campero y el orgullo por las tradiciones. Luego se realizó el izamiento de las banderas y se desarrollaron las actividades vinculadas a las destrezas criollas y el campo de jineteadas, donde las costumbres y las habilidades propias de la vida rural ocuparon un lugar central.
A partir de las 21, el escenario reunió a los números artísticos que dieron continuidad a la celebración, con música y baile campero para compartir una noche de encuentro entre vecinos, familias y visitantes. Se vivió un momento muy emotivo cuando la apertura del escenario la hicieron Ángel y Martín Rosas jóvenes de la comunidad que se dedican a la música y entre lágrimas expresaron el orgullo de ser parte de la comunidad y estar en el escenario de la fiesta.
También se realizó un concurso de chamamé con premios y reconocimiento a la mejor pareja.
Más allá de las actividades, la Fiesta de la Parición representa una forma de reconocer el esfuerzo cotidiano de quienes sostienen la economía rural y conservan prácticas que forman parte del patrimonio cultural del norte neuquino. En Chorriaca, la cría de animales no es solamente una actividad productiva: es una forma de vida que organiza los tiempos, transmite conocimientos y mantiene vivo el vínculo con el territorio.
Así, en su cuarta edición, la celebración volvió a reunir tradición, trabajo e identidad en torno a una actividad esencial para las familias crianceras, reafirmando el valor de una cultura que sigue encontrando en el campo sus raíces y su continuidad.