En el marco del Día Mundial del Accidente Cerebrovascular, que se conmemora cada 29 de octubre, una investigación sobre adultos de entre 20 y 54 años detectó que la incidencia de los primeros ACV casi se duplicó en aproximadamente tres décadas. El estudio también registró una mejora en la supervivencia durante los 30 días posteriores al episodio, aunque las secuelas neurológicas continúan siendo una preocupación.
La incidencia pasó de 33,9 casos cada 100.000 personas por año en 1993-1994 a 62,18 en 2020. El incremento se observó principalmente en los ACV isquémicos, que ocurren cuando se obstruye un vaso sanguíneo que lleva sangre al cerebro.
Los resultados ponen en discusión la idea de que se trata de un problema exclusivo de las personas mayores. El Dr. Alfredo Vega Vera, neurólogo del CMC de San Juan de Boreal Salud (MP J1571), remarcó la importancia de reconocer los síntomas repentinos y controlar los factores de riesgo a cualquier edad.
Por qué aumentaron los casos de ACV en adultos jóvenes
El estudio identificó un crecimiento de la incidencia de los ACV entre los adultos jóvenes y una mayor presencia de factores de riesgo vascular, como hipertensión arterial, diabetes y fibrilación auricular.
Estos factores pueden elevar el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular. Sin embargo, los datos aportados no permiten establecer por sí solos una causa única para el aumento observado ni determinar cuánto contribuyó cada factor a la tendencia.
El ACV puede ser isquémico, cuando se interrumpe el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro, o hemorrágico, cuando se rompe un vaso sanguíneo y se produce una hemorragia. Ambos requieren atención médica urgente.
La edad joven no descarta la posibilidad de sufrir un episodio. Por eso, la identificación de factores de riesgo y el seguimiento médico son importantes incluso antes de la adultez mayor.
Que una persona sea joven no significa que deba ignorar síntomas neurológicos repentinos ni postergar una consulta. Reconocer los factores de riesgo y controlarlos con seguimiento médico forma parte de la prevención”, señaló Vera.
La supervivencia mejoró, pero pueden quedar secuelas
La investigación también detectó una mejora en la supervivencia durante los primeros 30 días posteriores al ACV. La mortalidad registrada en ese período entre los adultos jóvenes descendió del 11,7% en 1993-1994 al 9,4% en 2020.
Aunque el resultado representa una evolución favorable, sobrevivir a un accidente cerebrovascular no significa necesariamente recuperarse sin consecuencias. Las secuelas dependen, entre otros factores, de la zona cerebral afectada, la extensión de la lesión y la rapidez con la que se inicia el tratamiento.
Entre las posibles consecuencias se encuentran dificultades para caminar o mover una parte del cuerpo, alteraciones del habla, pérdida de visión, problemas de memoria y limitaciones para realizar actividades cotidianas.
La atención temprana permite evaluar las opciones de tratamiento y puede mejorar las posibilidades de recuperación. Después de la etapa aguda, algunas personas también necesitan rehabilitación neurológica y seguimiento prolongado.
Cómo reconocer las señales de alerta de un ACV
Los síntomas de un accidente cerebrovascular suelen aparecer de manera repentina. Reconocerlos es fundamental para solicitar asistencia de emergencia sin perder tiempo.
- Desviación de la cara: un lado del rostro puede quedar caído o presentar dificultades para moverse con normalidad.
- Pérdida de fuerza o sensibilidad: puede aparecer debilidad o adormecimiento repentino de un brazo, una pierna o un lado del cuerpo.
- Dificultad para hablar o comprender: la persona puede hablar de manera confusa, no encontrar palabras o tener problemas para entender lo que le dicen.
- Alteraciones de la visión o el equilibrio: también pueden presentarse pérdida súbita de visión, problemas de coordinación o un dolor de cabeza intenso e inusual.
Ante la aparición repentina de uno o más de estos síntomas, hay que solicitar asistencia de emergencia de inmediato. No se debe esperar a comprobar si desaparecen ni conducir por cuenta propia hasta un centro médico.
Incluso si las molestias se resuelven en pocos minutos, es necesaria una evaluación urgente: podrían corresponder a un ataque isquémico transitorio u otra situación que requiera atención médica.
Desde Boreal Salud remarcaron que las alteraciones repentinas del habla, la pérdida de fuerza o sensibilidad y los cambios en la visión deben considerarse señales de alarma.
Qué medidas ayudan a prevenir un ACV
La prevención apunta principalmente a identificar y controlar los factores que aumentan el riesgo cardiovascular y cerebrovascular. Las medidas deben adaptarse a los antecedentes y las necesidades de cada persona.
Entre las principales recomendaciones se encuentran:
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Controlar la presión arterial, uno de los factores de riesgo más importantes.
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Realizar controles de glucemia y colesterol según la indicación profesional.
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No fumar y evitar la exposición al humo del tabaco.
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Mantener actividad física regular, de acuerdo con las condiciones de salud.
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Sostener una alimentación equilibrada y otros hábitos saludables.
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Cumplir los controles médicos y los tratamientos indicados.
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Consultar ante antecedentes personales o familiares que puedan requerir una evaluación específica.
La fibrilación auricular también merece atención porque puede favorecer la formación de coágulos y aumentar el riesgo de un ACV isquémico. Su detección y tratamiento dependen de una evaluación médica.
No todos los episodios pueden prevenirse, pero controlar los factores modificables permite reducir riesgos. La ausencia de síntomas previos tampoco garantiza que una persona esté libre de peligro.
Día Mundial del ACV: por qué se conmemora el 29 de octubre
El Día Mundial del ACV se conmemora cada año el 29 de octubre con el objetivo de aumentar la concientización sobre esta emergencia médica, sus factores de riesgo y la importancia de reconocer sus síntomas.
La fecha también busca impulsar el acceso oportuno a la atención, la prevención y la rehabilitación de quienes sufren un accidente cerebrovascular.
El aumento registrado entre personas de 20 a 54 años refuerza la necesidad de ampliar la información más allá de los grupos etarios tradicionalmente asociados con esta enfermedad. La educación sanitaria, el control de la presión arterial y la consulta temprana son herramientas centrales para reducir el impacto del ACV.
Ante la sospecha de un accidente cerebrovascular, la prioridad es pedir asistencia de emergencia sin demora. La evolución de cada paciente depende de múltiples factores, pero el tiempo que transcurre hasta la atención puede ser determinante.